10 Claves Para Gestionar el Estrés Laboral

Gestión del estrés laboral
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Independientemente del área profesional, durante el trabajo pueden aparecer situaciones de presión, incertidumbre, sobrecarga o falta de control que generen estrés. El estrés puede aparecer cuando las demandas de una situación laboral entran en desequilibrio con los recursos, el tiempo, la autonomía o el apoyo disponibles para afrontarlas.

Sin embargo, no todo el estrés laboral tiene el mismo origen ni puede gestionarse únicamente mediante estrategias individuales. La carga de trabajo, la organización, los recursos disponibles, la claridad de las responsabilidades o las relaciones profesionales también pueden influir en la situación.

A continuación repasamos 10 claves que pueden ayudar a gestionar determinadas situaciones de estrés laboral y explicamos también cuándo es necesario mirar más allá de las estrategias individuales.

¿Qué es el estrés laboral?

El estrés laboral puede aparecer cuando las demandas asociadas al trabajo son percibidas como difíciles de afrontar con los recursos, el tiempo, la autonomía o el apoyo disponibles. Puede estar relacionado con situaciones puntuales de presión, pero también con factores más persistentes vinculados a la carga de trabajo, la organización o las relaciones profesionales.

Sentir estrés de manera ocasional ante determinadas situaciones no equivale necesariamente a encontrarse ante un problema persistente. Por eso conviene observar tanto la intensidad y duración de la situación como sus posibles causas.

Además, gestionar el estrés no significa simplemente aprender a tolerar cualquier nivel de presión. Cuando el origen está en cargas de trabajo inadecuadas, falta de recursos, responsabilidades ambiguas o problemas organizativos, las soluciones también deben abordar esas condiciones.

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¿Qué puede causar estrés laboral?

El estrés laboral puede estar relacionado con diferentes factores y no siempre depende de cómo una persona organiza o afronta su trabajo. Una carga excesiva o imprevisible, plazos poco realistas, falta de recursos, escaso margen de decisión, responsabilidades poco claras, cambios continuos de prioridades o determinadas dificultades en las relaciones profesionales pueden contribuir a generar situaciones de estrés.

Las causas tampoco tienen por qué ser las mismas para todas las personas. Una situación manejable en un determinado contexto puede resultar difícil de afrontar cuando se combina con otras demandas o cuando los recursos disponibles son insuficientes.

10 Claves para gestionar el estrés laboral

Cuidar las relaciones profesionales

Mantener unas relaciones profesionales basadas en el respeto y la comunicación puede facilitar que las personas compartan información, planteen dificultades o pidan ayuda cuando la necesitan. Contar con apoyo dentro del entorno laboral también puede resultar útil en situaciones de presión.

Esto no significa que sea necesario establecer relaciones personales estrechas con todos los compañeros. Lo importante es disponer de relaciones profesionales que permitan colaborar, comunicarse y abordar los problemas de trabajo de forma adecuada.

Delegar cuando sea posible

Una acumulación de responsabilidades puede hacer necesario revisar qué tareas necesitan realmente la intervención de una persona y cuáles pueden delegarse cuando su función y nivel de responsabilidad lo permiten.

Delegar no consiste simplemente en trasladar trabajo a otra persona. Es necesario comprobar su disponibilidad, definir qué resultado se espera y proporcionar la autonomía y los recursos necesarios para asumir la responsabilidad.

Si todo el equipo se encuentra sometido a una carga excesiva, la delegación no resuelve el problema: puede ser necesario revisar la distribución del trabajo o los recursos disponibles.

Organizar y priorizar el trabajo

Organizar el trabajo puede ayudar a distinguir qué tareas requieren atención inmediata, cuáles pueden programarse y cuáles dependen de otras personas. Tener una visión más clara de las responsabilidades también permite detectar cuándo la carga disponible supera realmente el tiempo o los recursos existentes.

Cuando el problema está relacionado con la planificación, pueden resultar útiles algunas técnicas de gestión del tiempo.

Utilizar la respiración para recuperar la calma

En momentos puntuales de tensión, prestar atención a la respiración y realizarla de forma lenta y controlada puede utilizarse como una técnica sencilla de relajación. Su objetivo es crear una pequeña pausa antes de continuar con la actividad o responder a una situación de presión.

No debe plantearse como una solución a las causas del estrés laboral. Si el problema procede de una carga excesiva, falta de recursos o un conflicto persistente, será necesario abordar también esas circunstancias.

Establecer límites

Establecer límites puede implicar definir horarios, aclarar prioridades, comunicar cuándo una carga de trabajo no es asumible o diferenciar las situaciones que requieren disponibilidad inmediata de aquellas que pueden esperar.

Reconocer los propios límites no significa simplemente rechazar tareas. También supone hacer visible cuándo existe una diferencia entre las demandas del trabajo y los recursos o el tiempo disponibles para responder a ellas.

Practicar mindfulness

El mindfulness utiliza prácticas de atención consciente centradas en observar la experiencia presente. Una de sus aplicaciones más conocidas es el programa MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction), desarrollado por Jon Kabat-Zinn y basado en un programa estructurado de ocho semanas.

Este tipo de práctica puede utilizarse como una herramienta para trabajar la atención y la respuesta ante determinadas situaciones de estrés. Sin embargo, no elimina por sí misma los factores laborales que puedan estar generándolo.

Probar técnicas de relajación progresiva

La relajación muscular progresiva, asociada al trabajo del médico Edmund Jacobson, consiste en trabajar de forma sistemática con diferentes grupos musculares mediante fases de tensión y relajación. El objetivo es aprender a reconocer y reducir la tensión corporal.

Como ocurre con otras técnicas de relajación, puede utilizarse como recurso individual, pero no sustituye la intervención sobre las causas organizativas del estrés cuando estas existen.

Incorporar actividad física

La actividad física regular puede formar parte de unos hábitos generales de bienestar y proporcionar un espacio de desconexión respecto al trabajo. No es necesario plantearla únicamente como ejercicio intenso: caminar, practicar algún deporte u otras actividades que resulten agradables pueden formar parte de la rutina personal.

La actividad física no debería presentarse como una forma de compensar condiciones de trabajo que estén generando una presión excesiva.

Valorar técnicas como el biofeedback

El biofeedback utiliza dispositivos que proporcionan información sobre determinadas respuestas fisiológicas para que la persona pueda aprender a reconocerlas y trabajar sobre ellas mediante distintas técnicas.

Su utilización depende del tipo de biofeedback y del objetivo perseguido, por lo que conviene recurrir a profesionales cualificados cuando se plantea como parte de una intervención específica.

Reducir y revisar la carga cuando sea necesario

Cuando la acumulación de tareas es una fuente de presión, puede ser necesario revisar prioridades, aplazar determinadas actividades, eliminar tareas que ya no aportan valor o plantear una redistribución de responsabilidades.

Hacer menos no significa necesariamente rendir menos. En ocasiones consiste en distinguir qué trabajo es realmente prioritario y qué carga puede eliminarse, aplazarse o reorganizarse.

Si la carga de trabajo es sistemáticamente superior a los recursos disponibles, el problema no puede resolverse únicamente mediante una mejor organización individual.

¿Cuándo las estrategias individuales no son suficientes?

Las técnicas individuales pueden resultar útiles para afrontar determinadas situaciones de presión, pero no todos los problemas de estrés laboral pueden resolverse mediante respiración, organización, ejercicio o mindfulness.

Cuando existen cargas de trabajo persistentemente excesivas, falta de recursos, horarios inadecuados, responsabilidades ambiguas, conflictos continuados o problemas en la organización del trabajo, también es necesario actuar sobre esas condiciones.

La gestión del estrés laboral implica, por tanto, distinguir entre aquello sobre lo que puede actuar la persona y aquello que requiere cambios en el equipo o en la propia organización.

¿Qué puede hacer una empresa ante el estrés laboral?

La organización también tiene capacidad para intervenir sobre algunos de los factores relacionados con el estrés laboral. Revisar cargas y prioridades, proporcionar recursos suficientes, aclarar responsabilidades, mejorar determinados procesos o facilitar canales para comunicar problemas son algunas de las medidas que pueden considerarse.

La respuesta dependerá de las causas detectadas. Si el problema está en la organización del trabajo, ofrecer únicamente herramientas individuales para gestionar el estrés puede dejar intacta la causa que lo está generando.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Cuando el estrés es intenso, persiste en el tiempo, resulta difícil de manejar o está afectando de forma importante a la vida cotidiana, conviene buscar orientación profesional. Las estrategias generales descritas en este artículo no sustituyen una valoración individual cuando esta resulta necesaria.

Gestionar el estrés laboral no consiste en encontrar una técnica capaz de eliminar cualquier situación de presión. Organizar el trabajo, establecer límites, recurrir a técnicas de relajación o cuidar determinados hábitos puede ayudar en algunas situaciones, pero es igualmente importante identificar qué está generando el estrés.

Cuando la causa se encuentra en una carga de trabajo excesiva, falta de recursos o problemas de organización, trabajar únicamente sobre la respuesta individual deja una parte fundamental del problema sin resolver.

Preguntas frecuentes sobre el estrés laboral

El estrés laboral puede aparecer cuando las demandas asociadas al trabajo entran en desequilibrio con los recursos, el tiempo, la autonomía o el apoyo disponibles para afrontarlas. Puede estar relacionado con situaciones puntuales de presión o con factores más persistentes vinculados a la organización del trabajo.
No existe una única causa. Una carga de trabajo excesiva o imprevisible, plazos poco realistas, falta de recursos, escaso margen de decisión, responsabilidades ambiguas, cambios continuos de prioridades o determinadas dificultades en las relaciones profesionales pueden contribuir a generar estrés laboral.
Organizar y priorizar el trabajo, establecer límites, delegar cuando sea posible o utilizar determinadas técnicas de relajación pueden resultar útiles en algunas situaciones. Sin embargo, la estrategia adecuada dependerá de qué esté generando el estrés y de si la causa puede abordarse individualmente o requiere cambios en la organización.
No siempre. La respiración, el mindfulness o la relajación muscular pueden utilizarse como recursos individuales, pero no eliminan factores como una carga de trabajo excesiva, falta de recursos, responsabilidades poco claras o problemas persistentes en la organización del trabajo.
Cuando el estrés es intenso, persiste en el tiempo, resulta difícil de manejar o está afectando de forma importante a la vida cotidiana, conviene buscar orientación profesional. Las recomendaciones generales para gestionar el estrés no sustituyen una valoración individual cuando esta resulta necesaria.
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