Cómo Medir el Impacto de la Formación en Idiomas

Cómo repercute la formación en idiomas sobre la rentabilidad de las organizaciones.
Índice

La formación en idiomas supone una inversión para la empresa y, como cualquier inversión en desarrollo profesional, plantea una pregunta importante: ¿qué resultados está generando para la organización?

La respuesta no puede reducirse a comprobar la asistencia o la satisfacción de los participantes. Para analizar el impacto de una formación en idiomas es necesario relacionar las capacidades desarrolladas con las situaciones profesionales que originaron la formación y, posteriormente, observar si se producen mejoras relevantes en esas situaciones.

La formación lingüística puede contribuir a resultados empresariales cuando ayuda a resolver necesidades que afectan al trabajo: comunicarse con clientes, participar en reuniones internacionales, negociar, coordinar equipos, acceder a determinados mercados o reducir dificultades derivadas de una comunicación insuficiente.

Su contribución a la rentabilidad dependerá, por tanto, del problema que pretende resolver, de la capacidad de trasladar el aprendizaje al puesto y del valor que esa mejora tenga para la organización.

Qué es el impacto de la formación en idiomas

El impacto de la formación en idiomas es el cambio que puede observarse en el desempeño de los profesionales o en determinados resultados de la organización como consecuencia del desarrollo y aplicación de nuevas capacidades lingüísticas.

Para analizarlo conviene distinguir entre participación, aprendizaje, aplicación e impacto. Una persona puede asistir a la formación y mejorar determinadas capacidades lingüísticas sin que necesariamente exista todavía un efecto observable sobre una situación relevante para la empresa.

Por ello, medir el impacto implica seguir la relación entre lo que se aprende, cómo se aplica y qué resultado puede producir esa aplicación.

Cómo puede generar valor la formación en idiomas

Proyección al mercado internacional

Cuando una organización trabaja o quiere trabajar en otros mercados, disponer de profesionales capaces de utilizar los idiomas necesarios puede facilitar determinadas actividades comerciales y operativas.

La formación puede ayudar a preparar a las personas para mantener conversaciones con clientes y socios, presentar propuestas, participar en negociaciones o desenvolverse en otras situaciones relacionadas con la actividad internacional.

El valor no procede simplemente de “saber idiomas”, sino de poder utilizar esas capacidades en situaciones que tienen relevancia para la actividad de la empresa.

Más allá de facilitar la actividad en mercados internacionales, contar con un equipo preparado para comunicarse profesionalmente en otros idiomas puede ampliar la capacidad de la empresa para presentar sus productos o servicios, relacionarse con diferentes interlocutores y desenvolverse en situaciones comerciales internacionales.

La relación entre idiomas y actividad internacional

La relación entre competencias lingüísticas y actividad empresarial internacional lleva años siendo objeto de análisis. El estudio ELAN, encargado por la Comisión Europea, analizó el impacto que la falta de competencias lingüísticas podía tener sobre las oportunidades comerciales de las empresas europeas, especialmente en relación con la actividad exportadora.

Aunque se trata de un estudio publicado en 2006 y sus resultados deben interpretarse en su contexto, resulta útil como antecedente para comprender que las capacidades lingüísticas pueden influir en la capacidad de determinadas empresas para desarrollar actividad en mercados internacionales.

Esto no significa que invertir en idiomas produzca automáticamente una mejora de la rentabilidad. La relación dependerá de las necesidades que originan la formación, de la aplicación de las capacidades desarrolladas y de los resultados que esa aplicación permita generar.

Oportunidades de negocios

Las limitaciones lingüísticas pueden dificultar determinadas oportunidades cuando una empresa necesita comunicarse, presentar información, negociar o desarrollar relaciones con interlocutores que utilizan otro idioma.

En esos casos, desarrollar las capacidades necesarias puede reducir algunas de esas barreras y ampliar las situaciones en las que los profesionales pueden desenvolverse con autonomía.

Para valorar su impacto, la empresa debe identificar primero qué oportunidades o actividades estaban condicionadas por una necesidad lingüística y observar posteriormente si esa situación ha cambiado.

Las capacidades lingüísticas también pueden tener relevancia tanto en actividades externas como en la comunicación interna. En el exterior, pueden facilitar determinadas interacciones comerciales; dentro de la organización, pueden favorecer la comunicación y coordinación entre profesionales que necesitan utilizar otro idioma para trabajar.

Cuando estas situaciones forman parte de los objetivos de la formación, su evolución puede incorporarse al análisis del impacto para comprobar si las capacidades desarrolladas están trasladándose al trabajo.

Ventajas ante la competencia

Cuando una empresa desarrolla actividad en mercados internacionales, el conocimiento de otros idiomas puede facilitar el acceso directo a información relevante para determinadas decisiones y oportunidades de negocio. Documentación técnica, licitaciones, comunicaciones, noticias sectoriales o información comercial pueden estar disponibles en un número limitado de idiomas y requerir determinadas capacidades lingüísticas para poder interpretarlas y utilizarlas.

Además, contar con profesionales capaces de negociar, presentar propuestas, atender a clientes o desenvolverse con autonomía en otros idiomas puede ampliar la capacidad de actuación de la empresa en contextos internacionales.

Esta preparación puede convertirse en una ventaja frente a organizaciones que encuentran mayores barreras lingüísticas para desarrollar esas mismas actividades. La ventaja competitiva no procede del conocimiento del idioma por sí mismo, sino de aquello que los profesionales son capaces de hacer gracias a él.

Captar y mantener el talento humano

La formación en idiomas también puede formar parte de las oportunidades de desarrollo profesional que una empresa ofrece a sus equipos. Para determinados profesionales, desarrollar nuevas capacidades lingüísticas puede facilitar el acceso a proyectos internacionales, nuevas responsabilidades o posibilidades de movilidad y crecimiento dentro de la organización.

Los programas empresariales de idiomas pueden contribuir así al desarrollo profesional y, al mismo tiempo, aportar capacidades que las personas necesitan para desempeñar determinadas funciones en su trabajo.

Su posible influencia sobre la motivación, el compromiso o la retención debe interpretarse junto con otros factores, como las oportunidades de desarrollo, las condiciones laborales, el liderazgo o las posibilidades de progresión. La formación puede formar parte de la propuesta de valor para el empleado, pero no permite explicar por sí sola la capacidad de una empresa para atraer o retener talento.

Disminución de costes

Implementar un programa de formación en idiomas requiere una inversión, pero en determinadas situaciones también puede contribuir a reducir costes o ineficiencias asociados a una capacidad lingüística insuficiente.

Por ejemplo, una mayor autonomía puede reducir determinadas necesidades de traducción o apoyo lingüístico, mientras que una comunicación más eficaz puede facilitar algunas interacciones con clientes, proveedores, socios o equipos internacionales. Para considerar estos cambios como un resultado de la formación, la empresa debería identificar qué coste o dificultad existía inicialmente y comprobar posteriormente si se ha producido una mejora atribuible al desarrollo de esas capacidades.

Por tanto, el valor económico de la formación no debería darse por supuesto ni basarse únicamente en el coste del programa. Debe analizarse en relación con las necesidades que pretende resolver y con los resultados que pueden observarse después de que los profesionales apliquen lo aprendido.

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Cómo puede influir en la rentabilidad

La formación en idiomas puede contribuir a la rentabilidad cuando las capacidades desarrolladas generan mejoras con valor económico para la organización. Ese valor puede proceder, por ejemplo, de facilitar determinadas oportunidades comerciales, aumentar la autonomía de los profesionales, reducir necesidades de apoyo externo o mejorar la capacidad para realizar tareas vinculadas a la actividad internacional.

Sin embargo, no toda mejora lingüística puede traducirse directamente en euros ni atribuirse exclusivamente a la formación. Los resultados comerciales, la productividad o los costes dependen normalmente de múltiples variables.

Por ello, antes de hablar de rentabilidad conviene identificar la cadena que conecta la inversión con el resultado:

Necesidad profesional → formación → aprendizaje → aplicación → resultado → valor para la organización.

Cuanto más clara sea esta relación, más razonable será analizar la contribución de la formación a determinados resultados empresariales.

Antes de evaluar ese impacto, el seguimiento y la optimización de la formación permiten observar cómo está evolucionando el programa y realizar ajustes durante su desarrollo.

Cómo medir el impacto de la formación en idiomas

1. Partir del problema que originó la formación

La medición comienza antes de impartir la formación. Es necesario identificar qué necesidad profesional pretende resolver y qué situación debería mejorar si los participantes desarrollan las capacidades previstas.

Si no existe una situación de partida definida, posteriormente será difícil determinar qué ha cambiado.

2. Establecer una referencia inicial

Antes de comenzar conviene disponer de información sobre el punto de partida. Esta referencia puede estar relacionada con el nivel lingüístico, pero también con la capacidad para desenvolverse en las situaciones profesionales que justifican la formación.

La comparación posterior necesita una referencia previa.

3. Medir el aprendizaje

Las evaluaciones permiten observar si los participantes han desarrollado los conocimientos y capacidades trabajados durante la formación.

Este nivel es necesario, pero no suficiente para demostrar impacto empresarial.

4. Observar la aplicación

El siguiente paso consiste en analizar si las capacidades desarrolladas están utilizándose en el trabajo. Dependiendo del objetivo, puede observarse la autonomía, la participación en determinadas situaciones, la realización de tareas o la percepción de responsables y participantes.

Aquí se produce el paso del aprendizaje al desempeño.

5. Relacionar la aplicación con resultados

Cuando sea posible, conviene analizar si los cambios observados están relacionados con resultados relevantes para la organización. Los indicadores dependerán completamente de la necesidad inicial.

Una formación orientada a reuniones, por ejemplo, necesitará indicadores diferentes de otra diseñada para atención a clientes, movilidad internacional o negociación.

6. Interpretar la contribución de la formación

La coincidencia entre formación y mejora no demuestra automáticamente causalidad. Al interpretar los resultados deben considerarse otros factores que hayan podido influir y evitar atribuir a la formación cambios que dependen también de decisiones comerciales, procesos, mercado, liderazgo u otras variables.

 

Nivel Qué queremos saber Ejemplos de evidencia
Participación ¿Se está realizando la formación? Asistencia, continuidad, participación
Aprendizaje ¿Se están desarrollando capacidades? Evaluaciones, actividades, progreso
Aplicación ¿Se utiliza lo aprendido en el trabajo? Observación, autonomía, feedback
Impacto ¿Ha cambiado la situación que originó la formación? Indicadores vinculados al objetivo
Valor ¿Qué relevancia tiene ese cambio para la empresa? Ingresos, costes, tiempo, oportunidades u otros resultados cuando puedan atribuirse

 

ROI de la formación en idiomas

El retorno de la inversión (ROI) compara el beneficio económico atribuible a una iniciativa con el coste necesario para desarrollarla. En formación, calcularlo exige poder asignar un valor económico a los resultados observados y determinar qué parte de ese valor puede atribuirse razonablemente al programa.

Cuando ambos datos pueden estimarse con suficiente fiabilidad, puede utilizarse la fórmula:

ROI (%) = [(beneficio atribuible − coste de la formación) / coste de la formación] × 100

Sin embargo, no todos los programas de idiomas necesitan ni permiten calcular un ROI financiero preciso. En algunos casos, el impacto puede observarse mejor mediante indicadores de desempeño, autonomía, capacidad de actuación o consecución de objetivos profesionales.

No disponer de un ROI financiero no significa que la formación carezca de valor; significa que el valor debe evaluarse mediante indicadores coherentes con el objetivo que justificó la inversión.

Errores al evaluar el impacto de la formación

Confundir satisfacción con impacto

Que los participantes valoren positivamente la formación indica una buena experiencia, pero no demuestra que hayan desarrollado o aplicado nuevas capacidades.

Confundir aprendizaje con resultado empresarial

Mejorar una evaluación lingüística demuestra evolución en el aprendizaje, pero el impacto empresarial requiere observar qué ocurre cuando esas capacidades se utilizan en el trabajo.

Medir sin una referencia inicial

Sin información sobre la situación previa resulta más difícil determinar qué ha cambiado después de la formación.

Atribuir todos los resultados a la formación

Las ventas, los costes, la productividad o la retención dependen de múltiples factores. La evaluación debe distinguir entre correlación y una contribución razonablemente atribuible a la formación.

Buscar siempre un ROI financiero

No todos los objetivos formativos pueden convertirse de manera fiable en un resultado monetario. Forzar esa conversión puede generar una medida aparentemente precisa pero poco útil para tomar decisiones.

Del aprendizaje lingüístico al rendimiento internacional

Cuando el objetivo de la formación está relacionado con el desempeño en situaciones internacionales, medir únicamente la evolución lingüística puede ofrecer una visión incompleta. Una persona puede mejorar su dominio del idioma y seguir encontrando dificultades para negociar, influir, liderar una reunión o adaptarse a interlocutores de diferentes contextos culturales.

En International Performance Training® (IPT®), partimos de las situaciones en las que los profesionales necesitan rendir e integramos, cuando es necesario, capacidades lingüísticas, profesionales, comunicativas y culturales. Esto permite relacionar el desarrollo de capacidades con el desempeño que originó la necesidad de formación.

La inversión en idiomas puede generar valor cuando responde a necesidades profesionales reales y las capacidades desarrolladas se trasladan a situaciones relevantes para la organización. Su impacto no debería darse por supuesto: debe analizarse a partir de los objetivos que justificaron la formación y de los cambios que pueden observarse posteriormente.

Medir ese recorrido —desde el aprendizaje hasta la aplicación y los resultados— permite comprender mejor qué está aportando la formación y tomar decisiones más fundamentadas sobre futuras inversiones.

Preguntas frecuentes sobre el impacto de la formación en idiomas

El impacto puede analizarse partiendo de la situación que originó la formación y observando posteriormente el aprendizaje, la aplicación de las capacidades desarrolladas y los cambios producidos en esa situación. Los indicadores concretos dependerán de los objetivos definidos para cada programa.
El aprendizaje indica si una persona ha desarrollado determinados conocimientos o capacidades. El impacto analiza qué ocurre cuando esas capacidades se aplican en el trabajo y si contribuyen a modificar una situación relevante para la organización.
Pueden utilizarse indicadores de participación, aprendizaje, aplicación, desempeño y resultados relacionados con los objetivos de la formación. No existe un único conjunto de indicadores válido para todos los programas, ya que deben responder a la necesidad profesional que originó la formación.
Sí, cuando es posible asignar un valor económico a los resultados obtenidos y estimar qué parte puede atribuirse razonablemente a la formación. Sin embargo, no todos los programas permiten calcular un ROI financiero preciso y, en algunos casos, resulta más adecuado evaluar su valor mediante indicadores de desempeño o aplicación.
La satisfacción aporta información sobre la experiencia de los participantes, pero no demuestra por sí sola aprendizaje, aplicación o impacto. Para evaluar los resultados debe combinarse con evidencias relacionadas con las capacidades desarrolladas y su utilización en el trabajo.
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