Aprender un idioma no depende únicamente del tiempo dedicado al estudio o de los conocimientos lingüísticos que se van adquiriendo. La motivación, la percepción que tenemos de nuestra propia capacidad y las oportunidades de exposición y uso del idioma también pueden influir en cómo afrontamos el proceso de aprendizaje.
Estos factores adquieren especial relevancia cuando el idioma se necesita en el entorno profesional. Tener que participar en una reunión, realizar una presentación o comunicarse con clientes puede hacer que el aprendizaje se perciba de forma diferente a cuando se estudia únicamente por interés personal.
La inseguridad o la ansiedad también pueden aparecer durante este proceso, especialmente cuando existe miedo a equivocarse, a ser evaluado o a no poder expresarse con la fluidez deseada.
Aunque cada persona aprende de manera diferente y intervienen muchos elementos, hay tres factores que merece la pena observar especialmente.
No existe un único factor que determine cómo aprende una persona un idioma. La motivación, la autopercepción y la exposición al idioma interactúan con otros elementos personales y contextuales, como las experiencias previas, el entorno de aprendizaje o las oportunidades para utilizar la lengua en situaciones reales.
Contacta con nuestro equipo de profesionales especializados para recibir toda la información sobre nuestras clases virtuales de idiomas por videoconferencia.
No es lo mismo aprender un idioma por interés personal que necesitarlo para desarrollar una actividad profesional. La razón por la que una persona aprende una lengua puede influir en sus expectativas, su motivación y la manera en que afronta el proceso.
En el entorno profesional puede existir además una necesidad concreta: participar en reuniones, realizar presentaciones, atender a clientes, negociar o colaborar con compañeros que utilizan otro idioma.
Esta necesidad puede actuar como motivación, pero también puede generar presión cuando la persona siente que debe alcanzar determinados resultados o desenvolverse en situaciones para las que todavía no se siente preparada.
Por eso resulta importante que el aprendizaje esté conectado con objetivos relevantes y alcanzables para la realidad profesional de cada participante.
La percepción que una persona tiene de su propio nivel puede condicionar la manera en que participa durante el aprendizaje y, sobre todo, su disposición a utilizar el idioma.
Una persona puede disponer de recursos lingüísticos suficientes para intervenir en una conversación y, sin embargo, evitar hacerlo por miedo a equivocarse, por experiencias anteriores o porque considera que su nivel no es suficientemente bueno.
Por eso conviene distinguir entre conocimiento del idioma y confianza para utilizarlo. Están relacionados, pero no son exactamente lo mismo.
En la formación de profesionales, generar oportunidades progresivas de práctica permite enfrentarse a situaciones comunicativas sin esperar a que desaparezca por completo la posibilidad de cometer errores.
El contacto frecuente con el idioma forma parte del proceso de aprendizaje. Escuchar, leer, hablar y escribir permiten encontrarse con diferentes estructuras, expresiones, acentos y situaciones comunicativas.
Pero la exposición no consiste únicamente en consumir contenidos en otro idioma. También importa disponer de oportunidades para utilizar activamente lo aprendido.
En el entorno profesional, esa práctica resulta especialmente relevante cuando se relaciona con situaciones que la persona necesita afrontar realmente: reuniones, conversaciones con clientes, correos electrónicos, presentaciones o interacciones con compañeros.
De esta manera, el aprendizaje no se limita a acumular conocimientos lingüísticos, sino que permite desarrollar progresivamente la capacidad de utilizarlos cuando son necesarios.
La motivación, la autopercepción y la exposición al idioma no actúan de forma aislada. En el proceso de aprendizaje también pueden intervenir otros factores personales y contextuales, como la autoexigencia, la edad, las experiencias previas, el entorno de aprendizaje, la percepción de estar siendo evaluado o el miedo a cometer errores.
Por ejemplo, una experiencia negativa anterior puede hacer que una persona afronte determinadas situaciones con mayor inseguridad, mientras que un entorno en el que existe margen para practicar y equivocarse puede facilitar una participación más activa.
Estos factores no afectan a todas las personas de la misma manera ni determinan por sí solos el resultado del aprendizaje. Por eso, comprender cómo afronta cada participante el uso del idioma puede ser tan importante como conocer su punto de partida lingüístico.
Utilizar un idioma que todavía estamos aprendiendo implica aceptar cierto grado de incertidumbre. Podemos necesitar más tiempo para encontrar una palabra, cometer errores, no comprender una expresión o tener dificultades para transmitir exactamente lo que queremos decir.
Estas situaciones forman parte del aprendizaje, pero pueden generar inseguridad cuando la persona siente que su capacidad está siendo evaluada. En el ámbito profesional, esta sensación puede aumentar cuando el idioma debe utilizarse en situaciones relevantes, como una reunión, una presentación, una negociación o una conversación con un cliente.
Sentir inseguridad al utilizar otro idioma no significa necesariamente que una persona carezca de conocimientos suficientes. El nivel lingüístico, la confianza para comunicarse y la experiencia utilizando el idioma en una determinada situación son dimensiones relacionadas, pero diferentes.
Por eso, esperar a sentirse completamente seguro antes de empezar a utilizar el idioma puede limitar precisamente las oportunidades de práctica que ayudan a desarrollar esa confianza.
Estudiar vocabulario, gramática, pronunciación o comprensión proporciona recursos necesarios para aprender una lengua. Sin embargo, conocer esos recursos y ser capaz de utilizarlos durante una interacción no son exactamente lo mismo.
La práctica ofrece oportunidades para recuperar lo aprendido, tomar decisiones mientras nos comunicamos, reaccionar ante respuestas que no podemos anticipar y seguir adelante incluso cuando no disponemos de la palabra o estructura exacta que querríamos utilizar.
En el entorno profesional, esto significa crear oportunidades para practicar situaciones relacionadas con el trabajo: explicar una idea, participar en una reunión, responder a una pregunta, escribir un correo, realizar una presentación o mantener una conversación con un cliente.
No se trata de reproducir cada situación exactamente como ocurrirá en la realidad, sino de acercar progresivamente el aprendizaje a los contextos en los que el profesional necesitará utilizar el idioma.
En un contexto profesional, tener en cuenta estos factores significa entender que dos participantes con un nivel lingüístico similar pueden tener necesidades diferentes a la hora de utilizar el idioma.
Uno puede necesitar ganar confianza para intervenir en conversaciones; otro, aumentar sus oportunidades de práctica; y otro puede necesitar trabajar situaciones profesionales concretas en las que encuentra dificultades.
Por eso, además de conocer el nivel lingüístico, resulta útil identificar para qué necesita el idioma cada participante, en qué situaciones debe utilizarlo y qué dificultades encuentra al hacerlo.
A partir de ahí, la formación puede ofrecer oportunidades progresivas para practicar y aplicar los conocimientos lingüísticos en contextos relacionados con la realidad profesional.
La motivación, la autopercepción y la exposición al idioma son tres de los factores que pueden influir en cómo una persona afronta el aprendizaje. A ellos se suman las experiencias previas, el contexto, las oportunidades de práctica y las situaciones en las que será necesario utilizar la lengua.
En nuestra experiencia con la formación de idiomas para profesionales, crear oportunidades de participación y práctica ayuda a trasladar progresivamente los conocimientos lingüísticos a situaciones comunicativas.
El objetivo no debería ser esperar a eliminar cualquier error o inseguridad antes de empezar a utilizar el idioma, sino desarrollar progresivamente los recursos y la confianza necesarios para comunicarse en las situaciones en las que cada profesional lo necesita.