Personalizar una formación en idiomas significa adaptar el aprendizaje a las capacidades de partida del profesional, las funciones que desempeña y las situaciones concretas en las que necesita utilizar el idioma.
No consiste únicamente en adaptar el vocabulario al sector o dividir a los participantes por nivel. Dos profesionales con un nivel lingüístico similar pueden necesitar desarrollar capacidades diferentes si utilizan el idioma para funciones, interlocutores o situaciones distintas.
En la formación lingüística para empresas, esta diferencia es especialmente importante porque el idioma funciona como una herramienta de trabajo. Una persona puede necesitarlo para negociar con clientes, otra para participar en reuniones con su equipo internacional y otra para explicar información técnica a proveedores o colaboradores.
Por ello, personalizar no significa simplemente ofrecer contenidos diferentes, sino decidir qué necesita trabajar cada profesional o grupo en función del uso que hará del idioma. La pregunta de partida es sencilla: ¿qué necesita ser capaz de hacer esta persona con el idioma en su trabajo?
Esta necesidad de adaptar la formación a cada profesional no es nueva. Ya en 2013, una encuesta interna que realizamos entre nuestros alumnos apuntaba en esa dirección.
Como cada fin de trimestre, desde Kleinson quisimos conocer las opiniones y necesidades de nuestros alumnos a través de nuestra «Encuesta a los Alumnos». Lejos de quedarse en una típica encuesta de satisfacción, el objetivo principal del estudio era averiguar cuáles eran las principales necesidades de los empleados a la hora de formarse y mejorar su nivel de idiomas, cuáles eran sus mayores dificultades en el aprendizaje y qué métodos consideraban que podían ayudarles a conseguir sus metas de forma más efectiva.
La personalización parte de reconocer que compartir un idioma o incluso un nivel similar no implica tener las mismas necesidades de aprendizaje. El puesto, las responsabilidades, los interlocutores y las situaciones en las que se utiliza el idioma ayudan a determinar qué capacidades necesitan mayor atención.
Por ello, una formación personalizada conecta las características del participante con decisiones concretas sobre aquello que se trabaja y practica durante el aprendizaje.
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En los resultados de diciembre de 2013 apareció con claridad una preferencia por una formación más personalizada, capaz de tener en cuenta las necesidades profesionales específicas de los participantes y el nivel requerido para su puesto.
Más de la mitad de los encuestados respondieron que, para ellos, la formación ideal era aquella que tenía en cuenta sus “personal goals” o “metas personales”. En aquella misma encuesta, los participantes puntuaron su experiencia con Kleinson con un 4,2 sobre 5.
Estos datos pertenecen a una encuesta interna realizada en un momento concreto y no permiten describir por sí solos las necesidades actuales del conjunto del mercado. Sí reflejan algo que continúa siendo relevante al diseñar formación profesional: personas que estudian el mismo idioma pueden necesitar utilizarlo para objetivos y situaciones muy diferentes.
Conocer el nivel permite determinar qué recursos lingüísticos tiene ya el profesional y qué puede desarrollar a partir de ellos. Sin embargo, el nivel por sí solo no determina qué formación necesita.
Dos participantes situados en un nivel similar pueden desempeñar funciones completamente diferentes y necesitar utilizar el idioma de formas distintas.
El puesto ayuda a determinar para qué necesita utilizar el idioma cada profesional. Una persona puede necesitar mantener conversaciones comerciales con clientes, otra explicar información técnica y otra coordinar a profesionales de distintos países.
Personalizar implica tener en cuenta estas diferencias para que el aprendizaje tenga relación con las responsabilidades reales del participante.
La personalización se vuelve especialmente concreta cuando la formación se organiza alrededor de situaciones profesionales reales.
Reuniones, presentaciones, negociaciones, llamadas, correos, atención a clientes o conversaciones con equipos internacionales requieren recursos lingüísticos y comunicativos diferentes.
Por ello, identificar las situaciones que cada profesional necesita afrontar permite seleccionar y practicar aquello que tendrá una aplicación más directa en su trabajo.
El sector puede influir en la terminología, los interlocutores, la documentación y las situaciones habituales que forman parte del trabajo.
Sin embargo, personalizar por sector no significa limitarse a introducir vocabulario especializado. Dos personas de una misma industria pueden seguir teniendo necesidades muy diferentes según su función y responsabilidades.
Los profesionales también pueden presentar diferentes ritmos, dificultades y formas de avanzar en el aprendizaje. El seguimiento permite detectar cuándo determinadas capacidades necesitan más práctica o cuándo es posible avanzar hacia nuevas situaciones.
La personalización, por tanto, no debería limitarse al diseño inicial, sino poder ajustarse a medida que evoluciona el participante.
Una formación personalizada no implica necesariamente diseñar un programa completamente diferente para cada participante.
En programas corporativos pueden existir objetivos, contenidos y situaciones comunes para varios profesionales y, al mismo tiempo, introducir adaptaciones relacionadas con sus funciones, necesidades o dificultades.
El grado de personalización dependerá de cuánto compartan los participantes: nivel, responsabilidades, situaciones profesionales y objetivos de aprendizaje.
Por ello, personalizar también puede significar formar grupos suficientemente homogéneos, establecer prioridades comunes y reservar determinados contenidos o actividades para necesidades específicas.
Una de las formas de trasladar la personalización al aprendizaje es utilizar situaciones relacionadas con el trabajo real del participante como contexto para la práctica.
En Kleinson, esta idea ha formado parte históricamente de nuestra metodología. Dentro de este enfoque, denominado Organic Learning, las simulaciones o role plays permiten trabajar sobre situaciones del entorno profesional similares a aquellas que los participantes necesitan afrontar en sus funciones.
La finalidad es que vocabulario, estructuras y recursos comunicativos puedan practicarse dentro de un contexto reconocible para el profesional, en lugar de trabajarse siempre de forma aislada.
La personalización puede así trasladarse desde el diagnóstico inicial hasta la práctica: qué situaciones se trabajan, qué recursos se necesitan dentro de ellas y qué dificultades encuentra el profesional al utilizarlos.
Agrupar por nivel puede ser necesario, pero profesionales con capacidades lingüísticas similares pueden tener necesidades profesionales diferentes.
Introducir terminología del sector aporta contexto, pero no convierte por sí solo una formación en personalizada. También importa qué necesita hacer el profesional utilizando ese vocabulario.
Una formación puede estar personalizada y desarrollarse en grupo si los participantes comparten necesidades suficientemente próximas. Del mismo modo, una clase individual no será necesariamente personalizada si utiliza contenidos genéricos sin relación con las necesidades del participante.
Personalizar también implica priorizar. No todas las situaciones tienen la misma frecuencia, dificultad o relevancia para el puesto, por lo que conviene concentrar el aprendizaje en aquellas que justifican mayor atención.
Para personalizar una formación primero es necesario comprender por qué necesita el idioma cada profesional y en qué situaciones tendrá que utilizarlo.
Una nueva responsabilidad, el contacto con clientes internacionales, la entrada en otros mercados o determinadas dificultades de comunicación pueden generar necesidades diferentes incluso entre personas de una misma organización.
Solo después de identificar esa necesidad tiene sentido decidir qué aspectos del aprendizaje deben adaptarse a cada participante o grupo.
Aquella encuesta de 2013 nos permitió recoger directamente la percepción de los participantes sobre sus necesidades y su experiencia de aprendizaje. Sus respuestas ya mostraban la importancia que concedían a que la formación tuviera relación con sus propios objetivos profesionales.
Más de una década después, la idea que podemos extraer sigue siendo útil: personalizar una formación en idiomas no significa simplemente adaptar materiales, sino comprender qué necesita hacer cada profesional con el idioma y trasladar esa necesidad al contenido, la práctica y el desarrollo del aprendizaje.
Relacionar lo que se trabaja durante la formación con las situaciones que el participante necesita afrontar permite orientar el aprendizaje hacia su realidad profesional.