Una consultoría de idiomas ayuda a una empresa a tomar decisiones sobre sus necesidades lingüísticas antes, durante y después de poner en marcha un programa de formación.
Su función no consiste simplemente en recomendar cursos. Parte de analizar qué idiomas necesita la organización, qué profesionales necesitan utilizarlos, para qué situaciones, qué nivel requieren y qué capacidades existen actualmente. A partir de ese diagnóstico pueden definirse prioridades, objetivos y un plan de actuación.
Por tanto, la consultoría puede preceder a la formación, acompañarla o incluso determinar que no todas las necesidades detectadas deben resolverse de la misma manera.
En este artículo explicamos qué es una consultoría de idiomas, para qué sirve y qué proceso puede seguir una empresa para convertir sus necesidades lingüísticas en decisiones de formación más fundamentadas.
Una consultoría de idiomas es un servicio de análisis, diagnóstico y planificación de las necesidades lingüísticas de una organización.
Su objetivo es relacionar las capacidades lingüísticas de los profesionales con aquello que necesitan hacer en su puesto y con los objetivos de la empresa. Para ello puede analizar los perfiles existentes, los niveles requeridos, las situaciones de uso del idioma, las prioridades de desarrollo y los recursos disponibles.
El resultado no tiene por qué ser simplemente un catálogo de cursos. Una consultoría debería proporcionar información que permita decidir qué desarrollar, en quién, con qué prioridad y mediante qué tipo de actuación.
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El punto de partida es comprender la situación de la organización. Antes de diseñar una formación conviene saber qué necesidades existen y qué distancia hay entre las capacidades actuales y las que requieren los diferentes puestos o situaciones profesionales.
El proceso puede incluir el análisis de puestos y necesidades, la evaluación del nivel lingüístico de determinados profesionales, la identificación de prioridades y la definición de objetivos.
Con esa información se puede diseñar un plan que tenga en cuenta aspectos como el presupuesto, los recursos disponibles, el tiempo, los perfiles participantes y las necesidades que presentan mayor prioridad.
Posteriormente pueden establecerse mecanismos de seguimiento para comprobar cómo evoluciona el programa y decidir si necesita ajustes.
La consultoría, por tanto, no empieza preguntando qué curso quiere contratar la empresa, sino qué necesita conseguir y qué capacidades lingüísticas requiere para ello.
En una empresa, la consultoría de idiomas sirve principalmente para convertir necesidades lingüísticas generales en información que permita tomar decisiones concretas. El alcance dependerá de cada organización, pero puede cumplir las siguientes funciones:
No todos los profesionales necesitan utilizar un idioma de la misma manera ni alcanzar necesariamente el mismo nivel.
Una consultoría permite analizar qué puestos necesitan utilizar determinados idiomas, en qué situaciones y con qué grado de autonomía, evitando plantear la formación únicamente a partir de categorías generales.
Para tomar decisiones es necesario conocer las capacidades existentes. La evaluación lingüística puede ayudar a determinar el punto de partida de los participantes y compararlo con aquello que necesitan realizar profesionalmente.
El nivel es una referencia, pero no sustituye el análisis de necesidades: dos profesionales con un nivel similar pueden necesitar desarrollar capacidades distintas porque utilizan el idioma para tareas diferentes.
Una organización puede detectar más necesidades de las que puede abordar simultáneamente. La consultoría permite establecer prioridades teniendo en cuenta factores como la relevancia del idioma para cada puesto, la frecuencia de uso, la urgencia o los objetivos de la empresa.
De esta forma, los recursos pueden concentrarse inicialmente en aquellas necesidades que requieren una actuación más inmediata.
Una vez identificado el punto de partida y las prioridades, pueden establecerse objetivos relacionados con aquello que los profesionales necesitan desarrollar.
Estos objetivos permiten orientar posteriormente la formación y facilitan que las actividades no se limiten a “mejorar el inglés” o “subir de nivel”, sino que respondan a necesidades más concretas.
El diagnóstico permite decidir cómo organizar el desarrollo lingüístico: qué perfiles deben participar, qué objetivos se trabajarán, qué modalidades pueden utilizarse, qué recursos serán necesarios y durante cuánto tiempo.
El plan de formación es, por tanto, una consecuencia del análisis y no el punto de partida de la consultoría.
Una vez iniciado el programa, el seguimiento permite observar su desarrollo y detectar si determinadas decisiones necesitan revisarse.
Esto puede implicar ajustar grupos, actividades, objetivos, intensidad o recursos cuando cambian las necesidades o cuando la información recogida durante el proceso aconseja hacerlo.
Aunque el proceso concreto dependerá de cada organización, una consultoría puede estructurarse en diferentes fases. En nuestra experiencia, resulta útil avanzar desde el diagnóstico de la situación hasta la definición de un plan adaptado a las prioridades detectadas.
El primer paso consiste en identificar qué papel desempeñan los idiomas dentro de la organización: qué puestos los utilizan, para qué situaciones, qué capacidades requieren y cuáles son las prioridades del negocio relacionadas con su uso.
A continuación puede evaluarse el nivel lingüístico de los profesionales implicados para conocer las capacidades existentes y compararlas con las necesidades identificadas.
La evaluación debe interpretarse en relación con el puesto y los objetivos, no únicamente como una clasificación general del nivel.
Con la información anterior pueden identificarse las necesidades que requieren mayor atención y definir objetivos para los diferentes perfiles.
En este punto también pueden considerarse factores como la urgencia, la frecuencia con la que se utiliza el idioma o el tiempo disponible para desarrollar determinadas capacidades.
Finalmente, se define un plan que tenga en cuenta los objetivos, los participantes, las modalidades de formación, los recursos disponibles, el calendario y el presupuesto.
A partir de ahí comienza la ejecución y el seguimiento, que permiten introducir ajustes cuando sea necesario.
La consultoría de idiomas y la formación de idiomas están relacionadas, pero cumplen funciones diferentes.
La consultoría se ocupa principalmente de analizar necesidades, diagnosticar la situación, establecer prioridades y diseñar una estrategia de actuación. La formación es una de las posibles actuaciones que pueden ponerse en marcha a partir de ese análisis.
Una empresa puede contratar cursos sin realizar previamente una consultoría, pero cuando existen numerosos perfiles, diferentes niveles, varias necesidades lingüísticas o una inversión relevante en formación, disponer de un diagnóstico previo puede ayudar a fundamentar mejor las decisiones.
Por tanto, la consultoría responde primero a preguntas como quién necesita qué, para qué y con qué prioridad. La formación responde después a cómo desarrollar esas capacidades.
El resultado dependerá del alcance del proyecto, pero una consultoría puede proporcionar a la organización un diagnóstico de sus necesidades lingüísticas y criterios para tomar decisiones sobre su desarrollo.
Entre los posibles resultados se encuentran un mapa de necesidades, información sobre los niveles existentes, identificación de perfiles prioritarios, objetivos de desarrollo y un plan de actuación.
Esto no significa que la consultoría garantice por sí sola una mejora lingüística. Su función principal es mejorar la calidad de las decisiones que se toman sobre qué capacidades desarrollar y cómo organizar ese proceso.
El aprendizaje se producirá posteriormente a través de las actividades de formación y práctica que se pongan en marcha.
Este análisis puede resultar especialmente relevante cuando la organización trabaja con clientes, proveedores o equipos de otros países, se encuentra en un proceso de internacionalización o necesita preparar determinados perfiles para utilizar otro idioma en su actividad profesional.