La formación en idiomas puede responder a necesidades muy distintas dentro de una empresa: comunicarse con clientes y proveedores, participar en reuniones, colaborar con equipos internacionales o preparar a determinados profesionales para asumir nuevas responsabilidades.
En organizaciones que trabajan o quieren trabajar en otros mercados, estas capacidades forman además parte de su preparación para la internacionalización.
Cuando esta formación responde a las necesidades de la empresa y cumple los requisitos establecidos, los programas de idiomas pueden gestionarse como formación bonificada mediante FUNDAE, permitiendo aplicar el crédito disponible a la inversión realizada en formación dentro de los límites correspondientes.
La formación de idiomas para empresas puede bonificarse mediante FUNDAE siempre que cumpla los requisitos aplicables a la formación programada por las empresas, entre ellos los relativos a duración, modalidad, participantes, seguimiento y relación con las necesidades formativas de la organización.
Las empresas que cotizan por formación profesional disponen de un crédito anual para financiar la formación de sus trabajadores mediante bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social.
Ese crédito puede aplicarse a programas de formación lingüística cuando las acciones cumplen los requisitos establecidos para la formación programada por las empresas.
En la práctica, esto significa que una empresa puede organizar formación en inglés u otros idiomas a partir de sus necesidades profesionales y gestionar posteriormente su bonificación dentro de los límites correspondientes.
El funcionamiento económico del crédito FUNDAE lo desarrollamos por separado. Aquí nos centraremos en cómo se aplica específicamente a la formación de idiomas.
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No existe un único tipo de curso de idiomas bonificable. La formación puede adaptarse al nivel, perfil y necesidades profesionales de los participantes siempre que constituya una verdadera acción formativa y cumpla las condiciones aplicables.
Por ejemplo, un programa puede orientarse al desarrollo general de competencias lingüísticas o trabajar necesidades relacionadas con situaciones profesionales concretas, siempre que exista una vinculación con la actividad empresarial y responda a las necesidades formativas de la empresa y de sus trabajadores.
Esto permite organizar programas dirigidos, entre otros objetivos, a:
Lo que determina la posibilidad de bonificar la formación no es que se trate de inglés, francés, alemán u otro idioma, sino que la acción cumpla los requisitos establecidos y responda a una necesidad formativa de la organización.
Los programas de idiomas pueden organizarse mediante distintas modalidades. La elección debe responder tanto a las necesidades de aprendizaje como a las condiciones de seguimiento y trazabilidad exigidas para cada modalidad.
La formación puede impartirse presencialmente en las instalaciones de la empresa, del proveedor formativo o en otro espacio adecuado.
En esta modalidad deben mantenerse los correspondientes controles de asistencia y evidencias de participación. Con carácter general, los grupos presenciales pueden contar con un máximo de 30 participantes, además de respetarse las condiciones de duración aplicables.
En formación lingüística, la posibilidad normativa de reunir hasta 30 participantes no significa necesariamente que ese tamaño sea pedagógicamente recomendable. El número de alumnos debería definirse también en función de los objetivos, el nivel y el grado de práctica e interacción que requiera el programa.
La formación lingüística también puede impartirse mediante aula virtual, utilizando tecnología síncrona que permita la comunicación directa y en tiempo real entre formador y participantes.
En 2026, FUNDAE permite que la formación presencial pueda desarrollarse íntegramente mediante aula virtual, siempre que se cumplan las condiciones establecidas para esta modalidad. Entre ellas se encuentran la identificación de los participantes, la interacción bidireccional y la existencia de mecanismos que permitan acreditar las conexiones y los tiempos de participación.
Herramientas de videoconferencia pueden utilizarse para ello si el sistema configurado cumple los requisitos exigidos por FUNDAE. Por tanto, no es la plataforma utilizada por sí sola la que convierte una videoconferencia en aula virtual bonificable.
Los programas de idiomas también pueden desarrollarse mediante teleformación a través de una plataforma que permita realizar el proceso de aprendizaje, registrar la actividad de los participantes y facilitar el seguimiento y la tutorización.
Esta modalidad puede incorporar contenidos, actividades, recursos digitales, evaluación y acompañamiento del aprendizaje.
La teleformación no debe confundirse con el aula virtual. El aula virtual es una formación síncrona en tiempo real que, en las condiciones previstas para 2026, puede considerarse formación presencial; la teleformación se desarrolla mediante una plataforma preparada para registrar la actividad y realizar el seguimiento del proceso de aprendizaje.
También es posible combinar diferentes modalidades dentro de una misma acción formativa.
Por ejemplo, un programa puede combinar determinadas sesiones presenciales con teleformación, siempre que su estructura y gestión respeten las condiciones correspondientes a cada modalidad.
Esta opción puede resultar útil cuando la empresa necesita combinar interacción directa, flexibilidad y trabajo autónomo dentro de un mismo itinerario formativo.
El importe que una empresa puede bonificarse por un programa de idiomas no depende únicamente del precio del curso.
La cuantía aplicable está condicionada, entre otros factores, por el crédito disponible de la empresa, los costes de la formación y los límites económicos que correspondan a las características de la acción.
Por eso, coste del curso, crédito disponible y bonificación aplicable no son necesariamente la misma cifra.
Explicamos esta diferencia y el funcionamiento económico en cómo funciona el crédito FUNDAE en tu empresa.
La formación debe comunicarse y gestionarse dentro de los plazos establecidos por FUNDAE. Las distintas fases, desde la preparación de la acción hasta la aplicación de la bonificación, se explican en el proceso FUNDAE paso a paso.
Que una formación se gestione mediante FUNDAE no significa que deba convertirse en un programa estándar. La formación lingüística puede diseñarse a partir del nivel, las funciones y las necesidades profesionales de los participantes, siempre dentro de los requisitos aplicables.
Esto permite adaptar aspectos como:
En formación de idiomas para empresas, esta personalización es especialmente relevante porque compartir idioma o nivel no significa necesariamente tener las mismas necesidades de comunicación.
En empresas que operan internacionalmente, la formación lingüística puede formar parte de la preparación de los equipos para trabajar con clientes, proveedores, socios o compañeros de otros países.
El idioma puede ser necesario para participar en reuniones, negociar, presentar resultados, gestionar proyectos o desarrollar relaciones comerciales en otros mercados.
Bonificar esta formación permite optimizar parte de la inversión, pero el punto de partida debería seguir siendo la necesidad profesional que la empresa quiere resolver.
De esta forma, FUNDAE funciona como un mecanismo para facilitar la formación, mientras que los objetivos del programa siguen determinados por las capacidades que los profesionales necesitan desarrollar.
La empresa puede gestionar directamente su formación programada o contar con apoyo externo para determinadas funciones de organización y gestión.
Cuando se externaliza esta parte del proceso, es importante delimitar qué tareas asumirá cada parte: comunicaciones, coordinación, documentación, seguimiento o información necesaria para la posterior aplicación de la bonificación.
En nuestro artículo sobre entidades organizadoras FUNDAE explicamos qué funciones pueden asumir y qué responsabilidades siguen correspondiendo a la empresa.
En Kleinson, la gestión de FUNDAE puede integrarse dentro de los programas de formación lingüística para empresas, de manera que la coordinación administrativa y la formación formen parte de un mismo proceso.
La formación bonificada puede facilitar el acceso de las empresas a programas lingüísticos, pero la existencia de crédito no debería ser el punto de partida para decidir qué formación realizar.
Primero conviene identificar qué necesitan hacer los profesionales con el idioma, qué capacidades deben desarrollar y qué modalidad permite trabajarlas adecuadamente. Después puede analizarse cómo encaja esa formación dentro del crédito y de los requisitos FUNDAE.
Cuando ambas dimensiones se coordinan desde el inicio, la bonificación deja de ser un elemento separado de la formación y se integra dentro de su planificación y gestión.