El crédito FUNDAE suele mencionarse con frecuencia cuando se habla de formación bonificada en empresas. Sin embargo, no siempre se comprende con precisión qué es y cuál es su papel real dentro de la planificación formativa.
El crédito formativo no es una subvención externa ni una ayuda extraordinaria. Es el resultado de las cotizaciones que la empresa realiza por Formación Profesional y que pueden aplicarse posteriormente como bonificación si se invierte en formación para los empleados. Esta diferencia es relevante, porque cambia por completo el enfoque: no se trata de “recibir dinero”, sino de optimizar una inversión que ya forma parte de la estructura de costes empresariales.
Comprender este punto evita interpretaciones simplificadas y permite tomar decisiones con mayor criterio.
La formación programada por las empresas puede bonificarse utilizando el crédito disponible cada año. El importe varía en función de la plantilla media y de las cotizaciones realizadas el ejercicio anterior.
En términos prácticos, esto significa que cada organización dispone de un margen anual que puede destinar al desarrollo profesional de su equipo. Ese margen no se transfiere como ingreso directo, sino que se aplica como bonificación en los seguros sociales una vez realizada la formación y cumplidos los requisitos establecidos.
Esta lógica convierte al crédito FUNDAE en una herramienta de planificación económica más que en un mecanismo puntual.
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Aprovechar el crédito FUNDAE no consiste únicamente en consumir el importe disponible antes de que finalice el año. Implica integrarlo dentro de la estrategia de formación y vincularlo a objetivos concretos de desarrollo.
Por ejemplo, una empresa puede utilizar su crédito para:
El crédito no determina el contenido; facilita su ejecución.
Cuando la planificación formativa parte de una reflexión estratégica y no de la urgencia por utilizar el saldo disponible, el impacto suele ser mayor.
El crédito FUNDAE tiene carácter anual. Esto significa que corresponde al ejercicio en curso y conviene estructurar su utilización dentro de ese periodo.
Las empresas que planifican su formación al inicio del año suelen tener mayor claridad en:
Esta previsión evita concentraciones de última hora y facilita una gestión más ordenada.
Además, las empresas de menos de 50 trabajadores pueden solicitar la reserva de crédito antes de junio para acumularlo en el ejercicio siguiente, lo que aporta mayor flexibilidad en determinados proyectos formativos.
Existe la tendencia a asociar la formación bonificada de las empresas con decisiones rápidas o acciones puntuales. Sin embargo, el crédito FUNDAE alcanza su máximo potencial cuando se vincula a una planificación sólida.
Integrarlo correctamente implica:
La herramienta económica funciona mejor cuando se inserta en una arquitectura formativa coherente.
El crédito FUNDAE no sustituye la estrategia formativa ni define las prioridades de la empresa. Actúa como mecanismo de optimización económica dentro de una decisión que ya es estratégica por naturaleza: invertir en el desarrollo de las personas.
Cuando la organización entiende esta lógica, la conversación cambia. La formación deja de verse exclusivamente como un coste y se analiza desde su impacto y su retorno potencial, teniendo en cuenta que parte de la inversión puede bonificarse.
En ese marco, el crédito FUNDAE se convierte en un instrumento que acompaña el crecimiento organizativo y facilita una planificación más equilibrada entre desarrollo y sostenibilidad financiera.
Comprender qué es realmente el crédito formativo es el primer paso para utilizarlo con criterio y previsión.