Desde hace años venimos observando cómo las empresas que empiezan a trabajar con clientes, proveedores, socios o equipos de otros países se encuentran con una pregunta importante: ¿disponen sus profesionales de las capacidades lingüísticas que necesitan para desenvolverse en esas situaciones?
La necesidad de formación no aparece únicamente cuando una persona tiene un nivel bajo de un idioma. También puede surgir cuando cambian sus responsabilidades, aumenta su exposición internacional o empieza a necesitar el idioma para situaciones profesionales que antes no formaban parte de su trabajo.
Por nuestra experiencia acompañando a empresas de distintos tamaños y sectores en sus procesos de internacionalización, la decisión de formar a un equipo debería partir de las situaciones en las que el idioma resulta necesario para desempeñar el trabajo y de la distancia entre las capacidades actuales y las que exige ese desempeño.
Por tanto, una empresa necesita plantearse la formación en idiomas cuando existe una necesidad lingüística que afecta —o puede afectar— a la capacidad de sus profesionales para realizar determinadas funciones, asumir nuevas responsabilidades o trabajar en contextos internacionales.
No todas las organizaciones ni todos los profesionales necesitan el mismo nivel de competencia lingüística. La necesidad depende de para qué se utiliza el idioma, con qué frecuencia y qué consecuencias tiene poder —o no poder— desenvolverse adecuadamente en esas situaciones.
Las siguientes situaciones pueden ayudar a identificar cuándo existe una necesidad real de formación.
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Uno de los desafíos que pueden encontrar las empresas cuando trabajan en otros mercados es la barrera lingüística. Cuando los profesionales no disponen de los recursos necesarios para comunicarse en el idioma utilizado, pueden aparecer dificultades para explicar información, comprender a otros interlocutores o participar con autonomía en determinadas situaciones.
La necesidad de formación puede aparecer, por ejemplo, cuando un profesional empieza a mantener reuniones, atender a clientes, comunicarse con proveedores o coordinarse con compañeros en otro idioma y sus capacidades actuales dificultan alguna de esas tareas.
En estos casos, desarrollar la capacidad de comunicarse de manera efectiva en el idioma utilizado puede ayudar a afrontar con mayor eficacia las situaciones profesionales en las que el idioma forma parte del trabajo.
La entrada en nuevos mercados puede modificar las necesidades lingüísticas de una organización. Profesionales que anteriormente desarrollaban su actividad principalmente en un contexto nacional pueden empezar a relacionarse con clientes, distribuidores, proveedores o socios que utilizan otros idiomas.
Cuando cambia el ámbito de actuación de la empresa, conviene analizar también si las capacidades lingüísticas disponibles permiten afrontar las nuevas situaciones profesionales que aparecen.
En algunos casos será necesario desarrollar un idioma desde un nivel determinado; en otros, profesionales que ya disponen de conocimientos lingüísticos necesitarán aprender a utilizarlos en situaciones específicas relacionadas con sus nuevas responsabilidades.
Un malentendido puede complicar un proyecto o una interacción profesional, especialmente cuando las personas necesitan explicar información con precisión, comprender condiciones, responder preguntas o coordinar decisiones.
Si determinadas dificultades lingüísticas aparecen de forma recurrente en situaciones relevantes para el trabajo, pueden constituir una señal de que existe una necesidad de desarrollo.
La formación puede orientarse entonces hacia las situaciones concretas que están generando esas dificultades, en lugar de plantearse simplemente como una mejora general del nivel del idioma.
Esto permite diferenciar entre una necesidad lingüística genérica y una necesidad profesional concreta que puede abordarse mediante formación.
Cuando el idioma se utiliza entre profesionales de diferentes países, las dificultades de comunicación no siempre tienen un origen exclusivamente lingüístico. También pueden intervenir distintas formas de expresar desacuerdo, participar en reuniones, construir confianza, interpretar la jerarquía o desarrollar relaciones profesionales.
Por ello, determinadas necesidades que inicialmente parecen relacionadas con el idioma pueden requerir también desarrollar inteligencia cultural y capacidades de comunicación intercultural.
Conocer determinadas convenciones —desde protocolos profesionales hasta formas habituales de interacción— puede resultar útil, pero trabajar eficazmente entre culturas requiere además saber interpretar el contexto y adaptar la comunicación a los interlocutores y a la situación concreta.
Identificar esta diferencia ayuda a determinar si la necesidad del equipo puede resolverse mediante formación lingüística o si forma parte de un reto más amplio de desempeño internacional.
En equipos formados por profesionales con diferentes lenguas y experiencias culturales, el idioma utilizado para trabajar puede influir en la capacidad de algunas personas para participar, compartir sus conocimientos o expresar sus ideas con la misma facilidad.
Cuando determinadas personas disponen de los conocimientos profesionales necesarios pero encuentran una barrera lingüística para contribuir en reuniones, proyectos o interacciones con otros equipos, puede existir una necesidad específica de desarrollo lingüístico.
La formación puede ayudar a proporcionar recursos para desenvolverse con mayor autonomía en esas situaciones. Al mismo tiempo, la inclusión dentro de un equipo depende de muchos otros factores organizativos y culturales, por lo que no debería atribuirse únicamente al nivel de idiomas de sus integrantes.
En algunos sectores y funciones profesionales, parte de la información necesaria para trabajar puede estar disponible en otros idiomas.
Informes de investigación, publicaciones académicas, documentación técnica, patentes, normativa, licitaciones, noticias sectoriales o información procedente de clientes y proveedores pueden requerir determinadas capacidades lingüísticas para poder interpretarse y utilizarse.
Cuando acceder a esa información forma parte de las responsabilidades de un profesional, conviene analizar si dispone del nivel y de los recursos lingüísticos necesarios para hacerlo con suficiente autonomía.
En estos casos, la necesidad de formación no procede de un objetivo genérico de “aprender idiomas”, sino de una tarea profesional concreta que requiere utilizar el idioma como herramienta de trabajo.
El nivel lingüístico y la capacidad para desenvolverse en una situación profesional están relacionados, pero no son exactamente lo mismo.
Un profesional puede disponer de un nivel suficiente para mantener una conversación general y, sin embargo, encontrar dificultades para presentar resultados, explicar información técnica, intervenir en una negociación o responder preguntas bajo presión.
También puede ocurrir lo contrario: una persona puede desenvolverse adecuadamente en determinadas situaciones habituales de su puesto aunque todavía tenga margen para desarrollar otras áreas del idioma.
Por ello, para determinar si existe una necesidad de formación conviene analizar conjuntamente el nivel actual, las situaciones en las que debe utilizarse el idioma y el desempeño que esas situaciones requieren.
No necesariamente. La necesidad de formación debería estar relacionada con las funciones actuales o futuras de cada profesional y con las situaciones en las que tendrá que utilizar el idioma.
Incluir indiscriminadamente a toda la plantilla puede hacer que los recursos se destinen a personas con necesidades muy diferentes o con escasa aplicación profesional del aprendizaje.
Por ello, antes de decidir quién debe participar conviene analizar qué puestos requieren el idioma, para qué situaciones, con qué nivel de autonomía y con qué prioridad.
Una necesidad de formación en idiomas existe cuando hay una diferencia relevante entre las capacidades lingüísticas que un profesional posee y las que necesita para realizar determinadas funciones actuales o futuras.
Para identificarla conviene responder a cuatro preguntas:
Si esa distancia afecta a una situación relevante para el puesto o para los objetivos de la organización, existe una base razonable para plantear una intervención formativa.
En algunos contextos internacionales, mejorar el idioma puede resolver una parte de la necesidad, pero no necesariamente toda. Participar en reuniones, negociar, influir, liderar equipos o desarrollar relaciones profesionales entre diferentes países puede requerir también capacidades de comunicación, habilidades profesionales e inteligencia cultural.
Cuando estas dimensiones intervienen en una misma situación, conviene analizar la necesidad desde el desempeño que se espera del profesional y no únicamente desde su nivel lingüístico.
Cuando la necesidad afecta al desempeño en contextos internacionales, en Kleinson la abordamos mediante International Performance Training® (IPT®), integrando las capacidades lingüísticas, profesionales, comunicativas y culturales que los equipos necesitan aplicar en esas situaciones.
En resumen, decidir si un equipo necesita formación en idiomas requiere analizar cómo utiliza —o tendrá que utilizar— el idioma en su trabajo. La expansión hacia nuevos mercados, nuevas responsabilidades, dificultades recurrentes de comunicación, el acceso a información especializada o la colaboración internacional pueden generar necesidades lingüísticas diferentes.
El punto de partida no debería ser simplemente decidir que “la empresa necesita más idiomas”, sino identificar qué profesionales necesitan desarrollar qué capacidades y para qué situaciones.
A partir de ese diagnóstico será posible determinar quién necesita formación, qué objetivos debe perseguir y cómo debería diseñarse el programa.