En la actualidad, el aprendizaje de otros idiomas, aparte de la lengua materna, puede resultar esencial para establecer relaciones comerciales con clientes de otros países y desenvolverse con mayor soltura en diferentes situaciones profesionales.
Sin embargo, no todas las maneras de impartir clases de inglés para empresa en un entorno laboral son igual de eficaces. Antes de iniciar una formación, es importante analizar las necesidades lingüísticas de la organización y determinar qué objetivos se pretenden conseguir en cada caso.
Un plan de formación en idiomas para empresas es una estrategia que permite determinar qué necesidades lingüísticas existen en la organización, qué profesionales necesitan desarrollar determinadas capacidades, qué objetivos debe perseguir la formación y cómo se organizará, aplicará y evaluará el aprendizaje.
Su finalidad no debería ser simplemente mejorar el nivel general de un idioma, sino conseguir que los profesionales puedan utilizarlo con mayor eficacia en las situaciones de trabajo en las que realmente lo necesitan.
En Kleinson, esta planificación forma parte de nuestra labor de consultoría de idiomas, que permite analizar la situación de partida y diseñar una formación adaptada a las necesidades de cada organización.
Aunque cada organización presenta necesidades diferentes, un plan de formación en idiomas debe partir de un diagnóstico inicial y conectar el nivel de los profesionales con sus necesidades de uso, los objetivos de aprendizaje, la metodología y los mecanismos de seguimiento.
El plan debe permitir responder, al menos, a cinco preguntas: quién necesita formación, para qué necesita utilizar el idioma, cuál es su punto de partida, cómo se desarrollará el aprendizaje y cómo se comprobará su evolución.
Estos elementos pueden organizarse en seis fases que permiten pasar del diagnóstico inicial al seguimiento y mejora del programa:
| Fase | Objetivo | Qué analizar |
|---|---|---|
| 1. Diagnóstico | Conocer la situación de partida | Nivel lingüístico, necesidades profesionales y uso del idioma |
| 2. Participantes | Determinar quién necesita formación | Puesto, responsabilidades, exposición al idioma y prioridades |
| 3. Objetivos | Definir qué necesita conseguir cada profesional | Situaciones de trabajo y capacidades que debe desarrollar |
| 4. Diseño | Organizar el aprendizaje | Contenidos, metodología, formato y práctica |
| 5. Seguimiento | Comprobar la evolución | Participación, aprendizaje y aplicación al puesto |
| 6. Optimización | Ajustar el programa | Resultados, nuevas necesidades y evolución de los participantes |
Contacta con nuestro equipo de profesionales especializados para recibir toda la información sobre nuestra formación para rendimiento profesional de equipos en entornos internacionales en inglés.
Para conocer la situación de partida, en Kleinson realizamos, en primer lugar, una prueba de nivel estándar online. El proceso es rápido, cómodo y fácil de organizar, ya que consiste en el envío de un enlace por correo electrónico a cada participante. Además, puede extenderse a diferentes departamentos de la compañía para obtener una imagen más completa de la organización.
La evaluación inicial permite conocer el nivel lingüístico de los participantes, pero este dato no debería analizarse de forma aislada. Dos profesionales con un nivel similar pueden necesitar utilizar el idioma en situaciones completamente diferentes y, por tanto, requerir objetivos formativos distintos.
Por ello, el diagnóstico debe combinar información sobre el nivel con las necesidades profesionales y el uso real que cada persona hace —o tendrá que hacer— del idioma en su puesto.
A continuación, teniendo en cuenta el nivel y el departamento/área de cada alumno, planteamos un plan de formación personalizado que combine tanto temas específicos –propios del puesto de trabajo– como otros troncales, más generales dirigidos a empresa.
Antes de organizar los grupos, conviene determinar qué profesionales necesitan realmente la formación y con qué prioridad. El nivel lingüístico es un criterio importante, pero también deben considerarse las responsabilidades del puesto, la frecuencia con la que se utiliza el idioma y las situaciones profesionales que cada persona necesita resolver.
Una vez recabada toda esta información, es hora de fijar los objetivos. En el caso del inglés profesional, estos pueden estar relacionados con situaciones como meetings, presentations, phone / conference calls, emails / reports o negotiations. Mediante un needs analysis, pueden identificarse cuáles son prioritarias para cada profesional y orientar la formación hacia ellas.
Definir los objetivos de la formación en idiomas implica concretar qué necesita ser capaz de hacer el profesional con el idioma, no únicamente qué contenido lingüístico necesita estudiar. Por ejemplo, “participar con mayor eficacia en reuniones internacionales” ofrece una orientación profesional más clara que un objetivo genérico como “mejorar el inglés”.
Una vez definidos los objetivos, es necesario decidir qué contenidos y metodología se utilizarán, qué formato resulta adecuado y cómo se adaptará la formación a las situaciones profesionales de los participantes.
La metodología y los contenidos deben estar al servicio de los objetivos. Si un profesional necesita participar en reuniones, presentar información o negociar en otro idioma, la formación debería permitir practicar esas situaciones y desarrollar los recursos lingüísticos y comunicativos necesarios para afrontarlas.
Contamos con un sistema online donde se registran las asistencias de los alumnos al que la empresa tendrá acceso. De forma mensual se envía un informe de asistencia, junto a la factura del mes correspondiente. Asimismo, cada 3 meses se envía el informe de las encuestas de satisfacción al alumnado, que se realizan trimestralmente para conocer su experiencia con las clases.
La asistencia y la satisfacción aportan información útil sobre el funcionamiento de la formación, pero no permiten por sí solas determinar si el aprendizaje está generando los resultados esperados.
El seguimiento también debería observar la evolución de los participantes y, cuando sea posible, si las capacidades desarrolladas están trasladándose a las situaciones profesionales que originaron la formación.
Estos datos permiten revisar el programa y realizar ajustes cuando los objetivos, las necesidades o los resultados no evolucionan como estaba previsto.
Un plan de formación en idiomas no debería considerarse definitivo desde el momento en que comienza. Las necesidades profesionales pueden cambiar, los participantes pueden evolucionar a ritmos diferentes y determinados contenidos o formatos pueden resultar más útiles que otros.
Revisar y optimizar la formación periódicamente a partir de los objetivos, la participación, el progreso y la aplicación permite realizar ajustes y mantenerla alineada con las necesidades de la organización.
En Kleinson, nuestra metodología es práctica. Las situaciones profesionales se trabajan en el idioma escogido teniendo presente el sector y las necesidades de la empresa, utilizando role plays y otras actividades aplicadas a contextos reales: qué tipo de reuniones mantiene el equipo, qué correos necesita escribir, qué conversaciones mantiene con clientes o qué situaciones específicas debe afrontar en su trabajo.
Además, los participantes trabajan vocabulario, expresiones y estructuras que puedan utilizar en sus contextos profesionales, teniendo en cuenta la empresa, el sector y las situaciones en las que necesitan comunicarse.
La personalización no consiste únicamente en adaptar el vocabulario al sector, sino en diseñar la práctica alrededor de las situaciones en las que cada profesional necesita utilizar el idioma.
Conocer el nivel es necesario, pero no permite determinar por sí solo qué necesita desarrollar cada profesional ni para qué utilizará el idioma.
Las necesidades lingüísticas pueden variar según el puesto, la exposición internacional y las situaciones profesionales que cada persona debe afrontar.
Objetivos como “mejorar el inglés” ofrecen poca orientación para diseñar la formación y evaluar posteriormente si está generando resultados.
Estos indicadores ayudan a gestionar el programa, pero deben complementarse con información sobre aprendizaje, evolución y aplicación cuando el objetivo es conocer su eficacia.
Cuando los profesionales utilizan otro idioma para trabajar entre países, el reto no se limita siempre al dominio lingüístico. También pueden intervenir la forma de participar en reuniones, presentar ideas, negociar, influir o adaptar la comunicación a personas con referencias culturales diferentes.
Por ello, en determinados entornos internacionales la formación lingüística puede necesitar integrarse con otras capacidades profesionales y de comunicación. En Kleinson abordamos esta preparación mediante International Performance Training® (IPT®), combinando competencias profesionales, comunicación e inteligencia cultural alrededor de las situaciones reales en las que los equipos necesitan rendir.
La experiencia acumulada desde 2007 trabajando con empresas de diferentes sectores nos ha permitido analizar, diseñar y desarrollar programas de formación en idiomas adaptados a necesidades profesionales muy diversas.
Un plan eficaz parte de comprender para qué necesitan utilizar el idioma los profesionales, cuál es su situación de partida y qué capacidades deben desarrollar. A partir de ahí, la formación puede diseñarse, aplicarse y revisarse en función de objetivos concretos y de su evolución.