La formación online de idiomas para empresas permite desarrollar programas de aprendizaje sin que formadores y participantes tengan que encontrarse necesariamente en el mismo espacio físico. Puede incluir sesiones en directo por videoconferencia, actividades digitales, materiales de práctica y otros recursos accesibles a distancia.
Para las organizaciones, esta modalidad puede facilitar la formación de profesionales que trabajan desde diferentes ubicaciones, reducir determinados desplazamientos y ampliar las posibilidades de organizar el aprendizaje alrededor de la realidad de los equipos.
Sin embargo, impartir una formación a través de Internet no garantiza por sí solo flexibilidad, personalización ni mejores resultados. Su utilidad depende de cómo esté diseñado el programa, de las necesidades de los participantes y de cómo se utilicen los diferentes recursos.
A continuación analizamos siete beneficios que puede aportar la formación online de idiomas en el contexto empresarial y qué condiciones hacen que realmente resulten relevantes.
La formación online de idiomas para empresas es aquella que se desarrolla total o principalmente a través de entornos digitales y está orientada al aprendizaje lingüístico de los profesionales de una organización.
Puede adoptar diferentes formatos. Por ejemplo, puede incluir sesiones síncronas con un formador por videoconferencia, actividades asíncronas, contenidos digitales, ejercicios de práctica o una combinación de varios recursos online.
Por tanto, formación online y formación por videoconferencia no son exactamente sinónimos. La videoconferencia es una de las herramientas que puede utilizar la formación online, mientras que esta última engloba un conjunto más amplio de actividades y recursos desarrollados a distancia.
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Compaginar la formación con la actividad profesional y personal no siempre resulta sencillo. Los horarios de trabajo, los desplazamientos o la distribución de los equipos pueden condicionar la participación en un programa de idiomas.
La formación online puede aportar mayor flexibilidad para organizar las sesiones y actividades, especialmente cuando los participantes trabajan desde diferentes ubicaciones o necesitan reducir los desplazamientos asociados a la formación.
Esto no significa que cualquier formación online sea automáticamente flexible. Las sesiones síncronas continúan teniendo horarios determinados, mientras que los recursos y actividades asíncronos pueden ofrecer una mayor libertad para decidir cuándo realizarlos.
Una de las principales características de la formación online es que el acceso no depende de que todos los participantes se encuentren en un mismo espacio físico.
Esto puede facilitar la participación de profesionales que trabajan desde distintas oficinas, ciudades o países y reducir el tiempo asociado a determinados desplazamientos.
Para participar es necesario disponer de un dispositivo adecuado, conexión a Internet y un entorno que permita desarrollar las actividades previstas. Por ello, la accesibilidad tecnológica también debe tenerse en cuenta al diseñar la formación.
Los entornos digitales permiten integrar diferentes tipos de recursos dentro del aprendizaje: vídeos, audios, lecturas, ejercicios, actividades interactivas o materiales relacionados con las situaciones profesionales que se están trabajando.
Además, determinados recursos pueden permanecer disponibles fuera de las sesiones para que el participante pueda preparar, revisar o reforzar contenidos cuando resulte necesario.
El valor, sin embargo, no está en acumular materiales. Un mayor número de recursos no implica necesariamente un mejor aprendizaje: deben seleccionarse por su relación con los objetivos y con aquello que el participante necesita practicar.
Los participantes de una empresa pueden partir de niveles distintos y necesitar el idioma para situaciones profesionales diferentes. La formación online permite organizar grupos, recursos y actividades teniendo en cuenta estas diferencias.
En programas grupales, contar con participantes con niveles y necesidades suficientemente compatibles puede facilitar el desarrollo de las actividades y la interacción. Cuando existen diferencias importantes, puede ser necesario adaptar contenidos, tareas o recorridos de aprendizaje.
El nivel lingüístico puede tomarse como una referencia, por ejemplo mediante los niveles del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), pero el nivel por sí solo no determina todo lo que un profesional necesita aprender. También importa para qué necesita utilizar el idioma y en qué situaciones debe hacerlo.
Cuando una organización cuenta con profesionales en diferentes sedes o ubicaciones, la formación online puede facilitar que participen en un mismo programa sin necesidad de concentrarlos físicamente.
Esto puede simplificar determinados aspectos organizativos y permitir crear grupos en función del nivel, las necesidades o la disponibilidad de los participantes, en lugar de depender únicamente de su ubicación.
Sin embargo, la posibilidad técnica de incluir más participantes no significa que aumentar el tamaño de los grupos mejore la formación. En actividades que requieren conversación, práctica y feedback, el número de participantes influye en las oportunidades que tiene cada persona para intervenir.
Las plataformas y herramientas digitales pueden facilitar el registro de determinados datos relacionados con la formación, como asistencia, realización de actividades, evaluaciones o utilización de determinados recursos.
Esta información puede ayudar al participante, al formador y, cuando corresponda, a los responsables del programa a observar la evolución y detectar aspectos que necesitan atención.
No obstante, conviene distinguir entre actividad y aprendizaje. Haber accedido a una plataforma, completar un determinado número de ejercicios o asistir a todas las sesiones son datos útiles, pero no demuestran por sí solos que una persona pueda utilizar mejor el idioma en las situaciones para las que lo necesita.
No todas las personas se sienten igual de cómodas participando en una actividad lingüística, especialmente cuando tienen que expresarse oralmente delante de otras personas.
Los entornos online pueden ofrecer diferentes formas de interacción, como conversación por videoconferencia, actividades individuales, trabajo en pequeños grupos, chat o preparación previa de determinadas tareas.
Para algunos participantes, determinados formatos digitales pueden resultar cómodos; para otros, la interacción presencial puede ser más natural. Por eso, no puede asumirse que la formación online elimine automáticamente la inseguridad al utilizar otro idioma.
Lo importante es crear oportunidades de participación y práctica adecuadas al nivel, los objetivos y las características de los participantes.
La modalidad online aporta posibilidades organizativas y formativas, pero la tecnología es únicamente el entorno en el que se desarrolla el aprendizaje.
Para que un programa resulte útil, siguen siendo necesarias decisiones sobre los objetivos, el nivel de los participantes, las situaciones en las que necesitan utilizar el idioma, las actividades que realizarán y la forma de observar su progreso.
También conviene asegurar que los participantes disponen de los medios tecnológicos necesarios y que las herramientas elegidas no introducen dificultades innecesarias en la experiencia.
Por tanto, una buena formación presencial no se convierte automáticamente en una buena formación online simplemente trasladando las mismas actividades a una pantalla. El entorno digital puede requerir adaptar la interacción, los materiales, los tiempos y las dinámicas de participación.
La formación online puede resultar especialmente útil cuando los profesionales trabajan desde distintas ubicaciones, cuando los desplazamientos dificultan la asistencia o cuando resulta conveniente combinar sesiones en directo con recursos y actividades accesibles a distancia.
Eso no significa que sea siempre preferible a la formación presencial. La elección de modalidad debe responder a las necesidades del equipo y a los objetivos del programa, no únicamente a criterios de comodidad o disponibilidad tecnológica.
Cuando una organización quiere combinar de forma deliberada actividades presenciales y digitales dentro de un mismo proceso, entramos en el terreno del blended learning.
La formación online ha ampliado las posibilidades de organizar el aprendizaje de idiomas en las empresas, especialmente cuando existen equipos distribuidos, diferentes horarios o necesidad de acceder a recursos fuera de las sesiones.
Pero online describe dónde y mediante qué medios se desarrolla la formación, no la calidad del aprendizaje que se produce. Flexibilidad, recursos digitales y seguimiento pueden aportar valor cuando están al servicio de objetivos y necesidades concretas.
Por eso, antes de elegir una modalidad conviene preguntarse qué necesitan aprender los participantes, cómo van a practicarlo y qué entorno facilita mejor ese proceso.
Esta decisión forma parte de un planteamiento más amplio sobre cómo mejorar el aprendizaje de idiomas en la empresa.