¿Ha alcanzado tu empresa el grado de madurez en internacionalización?

Tal y como exponíamos hace unas semanas en una entrada anterior de nuestro blog –Por qué elegir una consultora de idiomas en lugar de una academia–, la consultoría en idiomas se posiciona como la mejor alternativa para la formación e internacionalización de empresas. Y es que la labor de la consultoría en idiomas va mucho más allá de la mera enseñanza estandarizada de la lengua.

 

El éxito en la expansión de muchas empresas ha radicado en el concepto que en Kleinson hemos acuñado como «grado de madurez en internacionalización». Este hace referencia al grado de implementación de políticas de formación dirigidas a mejorar el nivel de idioma en la empresa. Si se tiene bien identificado el nivel de idiomas dentro de una compañía y existe un compromiso por mejorar en el área comunicacional que esté reflejado en un plan de formación, las posibilidades son infinitamente superiores.

 

En Kleinson, llevamos ya más de trece años realizando el proceso de consultoría orientada a la internacionalización con resultados excelentes. Para ello, utilizamos una metodología propia denominada el Kleinson Organic Learning, que está orientada a la consecución de los objetivos y las necesidades reales y específicas de cada empresa, sector e incluso departamento. De esta manera, aseguramos un aprendizaje personalizado y la obtención de unos resultados mucho más satisfactorios.

 

Es por ello que para ofrecer un plan de formación de calidad, las fases de preparación previa antes de comenzar con las clases son vitales.

 

¿Cómo lo conseguimos?

El proceso de consultoría de Kleinson se caracteriza por un exhaustivo análisis de las necesidades en materia de formación en idiomas de la empresa, de acuerdo a su programa de internacionalización. Para ello, llevamos a cabo cuatro pasos previos:

 

1. Grado de madurez de idiomas

En primer lugar, realizamos un estudio minucioso para conocer el grado de madurez del idioma que presenta la empresa.

 

Para ello, analizamos el plan de formación que ya posee la organización. De este modo podemos puntuar el grado de madurez del idioma en función de si se tiene correctamente identificado el nivel de idiomas tanto de la empresa como el que necesita cada uno de los empleados de la compañía en función de su puesto de trabajo; es decir, el nivel y las habilidades específicos que precisan para desarrollar sus tareas y actividades profesionales en otro idioma.

 

2. Nivel global de la empresa

Tras haber detectado cuáles son las necesidades concretas en materia de idiomas del conjunto de la organización y haber determinado el objetivo requerido por puesto, efectuamos una prueba de nivel global basada en el MCER –Marco Común Europeo de Referencia de las Lenguas–, que nos va a permitir conocer el estado general de la empresa, así como los niveles de los distintos departamentos y puestos.

 

3. Criticidad en el aprendizaje

A continuación, le toca el turno al estudio de la criticidad en el aprendizaje del idioma por trabajador.

 

El concepto de criticidad hace referencia al plazo del que dispone cada empleado de la empresa, según su puesto, funciones y responsabilidades, para alcanzar el nivel adecuado y requerido de idioma.

 

El nivel de criticidad va a quedar determinado por factores como el contacto o tiempo de exposición al idioma y la vinculación entre el nivel actual del empleado y el nivel requerido que el puesto demande.

 

4. Plan de formación a medida

Una vez efectuados los dos primeros pasos y habiendo determinado cuál va a ser el nivel de criticidad que se va a necesitar para cada caso, llega el momento de elaborar un plan de formación personalizado dirigido a aquellas áreas donde la capacidad comunicacional es más necesaria: clases grupales, individuales –One-to-One–, intensivas… Todas ellas se imparten en las diversas modalidades disponibles: presencial, videoconferencia, telefónica y online.

 

Asimismo, para obtener un seguimiento exhaustivo de los alumnos y poder permite medir con precisión su progreso, realizamos encuestas de calidad y experiencia trimestrales, lo que, además, nos permite calibrar la formación ad hoc para efectuar cualquier ajuste que asegure la consecución de las metas fijadas.

 

En definitiva, está claro que todo plan de formación que se precie no solo debe centrar sus esfuerzos en el grueso de las clases, sino que igual de importante, o más, es realizar una labor de consultoría previa que permita conocer cuál es el estado inicial de la empresa en materia de idiomas y qué objetivos se plantea obtener con la formación para que sea lo más personalizado y ajustado posible.