Hoy día, a la hora de buscar trabajo, las grandes empresas se han centrado en buscar aquellos candidatos que han podido desarrollar sus habilidades blandas junto con sus estudios. Pero, ¿qué son estas habilidades y cómo podemos usarlas?
Las habilidades blandas o soft skills son competencias relacionadas con la forma en que una persona se comunica, colabora, toma decisiones, se adapta y se relaciona con otras personas en el entorno profesional. A diferencia de las habilidades técnicas, no dependen exclusivamente del conocimiento necesario para realizar una tarea, sino de cómo ese conocimiento se aplica en situaciones reales de trabajo.
En una empresa, estas competencias influyen en cuestiones tan diferentes como el liderazgo, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, la comunicación o la capacidad para desenvolverse en contextos de cambio. Por ello, desarrollar habilidades blandas se ha convertido en una parte relevante del desarrollo profesional y de la formación de los equipos.
Cuando estudiamos, nos formamos en muchos aspectos, no solo en la teoría de nuestra materia, sino también en la metodología que debemos llevar. Aunque con esta, los profesores también buscan que desarrollemos una serie de habilidades que harán que nuestra formación sea más completa.
Todos los programas como los masters, los doctorados, los cursos complementarios y demás, destacan aspectos del mercado laboral que debemos tener en mente, dándole al alumnos aptitudes tanto duras como blandas.
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Las habilidades duras son aquellas que se identifican principalmente como el conocimiento académico que haya adquirido el alumno, así como la formación que consiga a nivel curricular.
En el entorno profesional también se conocen como hard skills e incluyen conocimientos y capacidades específicas que permiten realizar determinadas tareas: utilizar una herramienta, analizar datos, programar, dominar un idioma o aplicar conocimientos técnicos propios de una profesión.
Por su parte, las habilidades blandas se centran en competencias personales, sociales y profesionales que influyen en la manera en que una persona trabaja, se comunica, colabora y responde ante diferentes situaciones.
Mientras una habilidad técnica permite saber cómo realizar una determinada tarea, una habilidad blanda influye en cómo se utiliza ese conocimiento al trabajar con otras personas, afrontar un problema, comunicar una decisión o adaptarse a una situación nueva.
| Aspecto | Habilidades blandas | Habilidades duras |
|---|---|---|
| Qué son | Competencias relacionadas con la forma de comunicarse, colaborar, decidir, adaptarse y relacionarse profesionalmente. | Conocimientos y capacidades técnicas necesarios para realizar tareas específicas. |
| Ejemplos | Comunicación, liderazgo, adaptabilidad, trabajo en equipo, negociación o toma de decisiones. | Programación, análisis de datos, manejo de herramientas, conocimientos técnicos o dominio de idiomas. |
| Cómo se desarrollan | Mediante formación, práctica, feedback, coaching, mentoring y aplicación en situaciones profesionales. | Mediante formación técnica, estudio, práctica y experiencia profesional. |
| Aplicación | Influyen en cómo se utilizan los conocimientos y se interactúa con otras personas. | Permiten ejecutar funciones y tareas concretas relacionadas con el puesto. |
| Relación entre ambas | Son complementarias: el rendimiento profesional suele requerir tanto conocimientos técnicos como capacidad para aplicarlos eficazmente en situaciones reales de trabajo. | |
Cuando se llevan a cabo una serie de competencias, las habilidades duras suelen ser más sencillas de medir que las blandas. Esto se debe a las pruebas diagnósticas que se le hacen a los candidatos con el fin de determinar si está cualificada o no. No obstante, estas pruebas resultan limitantes, pues, aunque se destacan los conocimientos, se deja fuera el punto más importante: la interacción.
Y es que la interacción se ha vuelto realmente relevante, ya que la actitud tanto del empleado como de la empresa influye en el desarrollo exitoso de la misma. Este protagonismo ha hecho que los departamentos de Recursos Humanos presten cada vez más atención a las competencias interpersonales y profesionales, además de valorar los conocimientos técnicos necesarios para cada puesto.
Es aquí donde comienzan a relucir las habilidades blandas o soft skills, caracterizadas por una serie de competencias sociales, comunicativas y profesionales. Pero, ¿realmente son tan relevantes en el terreno laboral? La respuesta es «sí». En los procesos de selección, los conocimientos y la experiencia siguen siendo fundamentales, pero las competencias interpersonales pueden ayudar a diferenciar entre candidatos con perfiles técnicos similares.
En realidad, ambos tipos de competencias se complementan. Las habilidades técnicas permiten realizar el trabajo, mientras que las habilidades blandas facilitan aplicar esos conocimientos en contextos donde es necesario colaborar, comunicar, decidir, influir o resolver situaciones con otras personas.
Tal como mencionamos arriba, los principales interesados en estas habilidades son los reclutadores, y con estos, los futuros reclutas, buscando que los mismos se destaquen en el diálogo fácil, iniciativa y la actitud positiva. Es cierto que no todos gozan de esta habilidad natural, pero eso no quiere decir que no puedan desarrollarla.
Sin embargo, las habilidades blandas no son relevantes únicamente durante un proceso de selección. Una vez dentro de la organización, pueden influir en la capacidad de una persona para colaborar con otros profesionales, asumir responsabilidades, gestionar situaciones complejas o desarrollar nuevas funciones.
Después de todo, aunque esto suena difícil de lograr, estas habilidades se pueden desarrollar con estudio y trabajo. De hecho, algunas empresas generan una serie de programas con el fin de optimizar su capital humano.
Por este motivo, muchas organizaciones incorporan el desarrollo de soft skills a sus planes de formación y desarrollo, especialmente cuando necesitan preparar a sus profesionales para asumir nuevas responsabilidades o trabajar en entornos cada vez más complejos.
Con frecuencia notamos cómo las organizaciones se esmeran por hacer de sus empleados, personas con habilidades blandas desarrolladas. En el área de Recursos Humanos, el coaching organizacional puede ser una de las herramientas utilizadas para desarrollar determinadas competencias sociales y profesionales, junto con la formación, el feedback, la práctica y otras metodologías de desarrollo.
Aunque más adelante hablaremos de cuáles son dichas cualidades, algunas de ellas destacan con más frecuencia que otras. Estas son la resiliencia, la empatía, la resolución de problemas, la colaboración y la gestión de los equipos en los contextos laborales e interpersonales. Si todo esto se solucionara de manera sistemática, no se necesitarían estas habilidades, pero como sabemos, esto no sucede de dicha manera.
Resumiendo, son importantes estas habilidades en los aspirantes a un puesto de trabajo, porque una empresa no se basa en conocimientos académicos, sino en la resolución mediante ellos. Recordemos que se trata de unos entes que realizan jornadas de trabajo de 8 a 12 horas, por lo que, para desarrollar el entorno óptimo de trabajo, se requiere de aptitudes que promuevan la resolución técnica de problemas.
En el entorno empresarial, su importancia aumenta a medida que una función exige mayor interacción con otras personas. Coordinar un proyecto, dirigir un equipo, presentar una propuesta, negociar, gestionar un conflicto o trabajar con profesionales de diferentes países requiere conocimientos técnicos, pero también capacidad para utilizarlos eficazmente en relación con los demás.
Por eso, las soft skills no sustituyen a las competencias técnicas: permiten convertirlas en comportamientos profesionales eficaces.
No existe una única clasificación universal de habilidades blandas. Las competencias que resultan más relevantes pueden variar según el puesto, el nivel de responsabilidad, el sector y las situaciones profesionales a las que se enfrenta cada persona.
Algunos ejemplos habituales de habilidades blandas son los siguientes:
La comunicación es una de las cualidades principales de los seres humanos, es más, dependemos de ella para todo, por lo que la forma en la que nos expresamos es de suma importancia para conseguir el éxito laboral en tu lugar de trabajo.
Claro está, hay trabajos en donde este aspecto adquiere incluso más relevancia: como lo son las carreras de capacitación, en las ventas, y los recursos humanos. Aun así, la comunicación no es solo hablar y ya, la buena comunicación trabaja en conjunto con cualidades como la empatía, la seguridad, la claridad, la comunicación verbal y no verbal, y la amigabilidad.
Esta habilidad blanda nace junto con la flexibilidad, trabajando de manera conjunta con el fin de lograr el mejor entorno de trabajo, donde reluzcan las cualidades, aunque se trate de un área no tan desarrollada del mismo. Esta competencia es de suma importancia en las empresas, pues es la que determina el ritmo de trabajo y su calidad, además de sacar a relucir las otras cualidades.
Esta cualidad es necesaria desarrollarla más a fondo cuando se trata de empleos en profesionales que lo exijan, como la enfermería, las relaciones públicas, la publicidad, la coordinación de eventos y demás. Asimismo, la adaptabilidad debe combinarse con puntos como la motivación, la curiosidad, la autoestima y la organización.
Se cree que es de las habilidades blandas que más relevancia tiene en el campo laboral y que además es la que termina fundamentando el carácter y los valores. No es una habilidad de un solo trabajo, sino de todos, por lo que los trabajadores no se deben alejar de ella. La misma se basa principalmente en la profesionalidad del ámbito laboral, así como la disciplina, la creatividad, el trabajo en equipo y el compromiso.
Cuando los reclutadores piensan en la contratación de un candidato con frecuencia piensan en cómo razona y toma sus decisiones, así como el aspecto positivo que aporta a la empresa y la óptica con la que buscó resolver los problemas.
No importa en qué área se trabaja, la creatividad es la resolución de problemas fuera de los estándares preestablecidos. Los candidatos con dicha cualidad consiguen pensar en frío durante momentos de tensión, así como llegar a un análisis concienzudo y una buena conclusión junto con su equipo.
El ser humano es un ser social, por lo que, la interacción de los empleados en los trabajos es crucial. Es imposible que en algún momento se realice un trabajo 100 % individual, pues se necesita usar la posición actual para llegar hasta otro punto, concluido por otro ser.
Los buenos tratos entre los compañeros, la comunicación y la empatía son los puntos que lograrán que el entorno de trabajo se desarrolle de manera amplia y los trabajos, por tanto, se terminen con éxito. Junto con esta, se busca desarrollar aptitudes como la colaboración, la coordinación, el manejo de conflictos, la delegación y el intercambio de ideas.
Ideal para cualquier trabajo, el liderazgo es ese punto de las habilidades blandas que conjuga todas las demás en un orden correcto, pues es la que permite la buena transacción de ideas y resoluciones que se tiene con los demás miembros del equipo. Con el liderazgo, se quiere lograr una buena capacidad de resolución y el deseo por tomar la delantera sin ser necesariamente el “jefe”.
Además, la forma de aplicar estas competencias puede variar según los diferentes estilos de liderazgo y las necesidades del equipo.
Entre la misma entra la buena gestión de las actividades, y saber cómo llevar estas dentro de un plan de tiempo dirigido a las horas dedicadas en la empresa. Esta misma categoría no solo se limita a la persona en cuestión, sino al equipo completo, donde también entran las tareas diarias y las resoluciones más grandes del día.
Aunque en cierta manera entra junto con la cualidad del liderazgo, también es necesario mencionar específicamente la toma de decisiones en las habilidades blandas que se requieren en las empresas, tan solo por el hecho de que es la que da a conocer los resultados buscados.
Es cierto, todos tenemos cierto nivel de toma de decisiones en el campo laboral y personal, pero lo que se busca destacar, no es solo saber qué hacer, sino la capacidad de resolución de problemas, en pocas palabras, tomar la decisión correcta en situaciones difíciles.
No sirve de nada que, después de haber analizado esta serie de cualidades, se termine entrando al área incorrecta, el objetivo siempre será conseguir resultados con las mismas, pero esto no siempre está claro.
El objetivo de la persona que desea obtener esta cualidad es la de poder trazar una meta y alcanzarla. Para ello, debe hacer un buen plan, con pasos concisos que la lleven a ella. Por lo que no es una actitud solitaria, sino que combina todas las anteriormente conversadas.
Finalmente, el resultado monetario. La negociación es aquella habilidad que le permite al usuario conseguir un acuerdo entre dos o más partes. Aunque se centra en todos los empleos, pues todos venden, es una cualidad altamente requerida por alguien que desee desarrollar el liderazgo, o que vaya a desempeñar un puesto como este.
Sí. Aunque algunas personas pueden mostrar una mayor facilidad inicial para determinadas competencias, las habilidades blandas pueden desarrollarse mediante aprendizaje, práctica, observación y feedback.
El punto de partida consiste en identificar qué comportamientos necesita mejorar una persona en relación con las situaciones reales que encuentra en su trabajo. A partir de ahí, el desarrollo puede combinar formación, práctica deliberada, feedback, coaching o mentoring y oportunidades para aplicar lo aprendido.
Por ejemplo, desarrollar la comunicación no consiste únicamente en conocer técnicas comunicativas. Requiere aplicarlas en reuniones, presentaciones, conversaciones de feedback o situaciones de desacuerdo y analizar posteriormente qué ha funcionado y qué puede mejorarse.
Por ello, el desarrollo de soft skills resulta más efectivo cuando las competencias se trabajan en relación con comportamientos observables y situaciones profesionales concretas.
Aunque algunas habilidades blandas pueden resultar más naturales que otras, todas pueden desarrollarse y perfeccionarse a lo largo de la trayectoria profesional. La formación, la práctica en situaciones reales, el feedback y el coaching son diferentes vías que pueden contribuir a este desarrollo.
No existe una fórmula única para mejorar estas competencias. El proceso requiere identificar qué comportamientos necesitan trabajarse, ponerlos en práctica y analizar los resultados para introducir mejoras progresivamente.
El coaching puede facilitar este proceso mediante la reflexión, la definición de objetivos, el feedback y el acompañamiento, pero el desarrollo de una competencia se consolida cuando la persona consigue trasladarla a situaciones reales de trabajo.
A continuación, algunas prácticas pueden ayudar a trabajar estas habilidades en el día a día:
Cuando nos centramos en prestarle atención a nuestras emociones, desarrollamos un mayor control de las mismas en situaciones en donde tienden a desenfrenarse, como puede ser en el trabajo cuando nos enfrentamos a problemas, estrés, pérdidas repentinas, crisis o momentos en los que la demanda aumenta.
Con el fin de dominar este punto, es necesario no perder los estribos, y para ello debes saber identificar cuáles son las situaciones que detonan tus emociones, o que sientas que podrían ser una debilidad. Si las conoces, sabrás cómo trabajarlas en esos momentos.
Reconocer estas respuestas permite decidir de forma más consciente cómo actuar ante una situación en lugar de reaccionar automáticamente. La gestión emocional está estrechamente relacionada con la inteligencia emocional en el entorno laboral, especialmente en situaciones de presión, conflicto o incertidumbre.
La concentración es fundamental en el trabajo, y si no la desarrollamos, podríamos perderla cuando más la necesitemos. Con el fin de aumentar nuestra capacidad de resolver tareas y proyectos extensos, es necesario concentrarnos en la ardua labor de cosechar compromiso.
Aunque el compromiso es considerado como una aptitud que nos lleva a querer algo, no se queda allí, pues es lo que crea en nosotros el enfoque que necesitamos para cumplir con una meta trazada. Sin embargo, es una cualidad presente en todos los seres humanos, aunque no nos demos cuenta.
Si quieres desarrollar compromiso y a su vez concentración, deberás de enfocar tu motivación en los intereses que tengas para con la empresa, así como tus metas con ella y el futuro que le ves.
La actitud va ligada con las energías, y no dormir por dar más horas al trabajo no aumentará la productividad, sino más bien lo contrario. Es importante saber que, con el fin de rendir de manera adecuada, debes tener un espacio cómodo, en donde tu salud mental y emocional reluzcan, aspectos que solo permanecen con nuestra actitud.
Más que mantener una actitud positiva en todo momento, desarrollar habilidades blandas implica aprender a responder de forma constructiva ante situaciones diferentes, también cuando existen dificultades, desacuerdos o presión.
El desarrollo de habilidades blandas dentro de una organización debe partir de las necesidades reales de los profesionales y de las situaciones en las que necesitan mejorar su desempeño. No todos los equipos requieren desarrollar las mismas competencias ni con la misma intensidad.
El primer paso consiste en determinar qué habilidades tienen mayor impacto en cada función, equipo o nivel de responsabilidad. Un equipo comercial puede necesitar reforzar negociación y comunicación, mientras que un equipo directivo puede requerir liderazgo, toma de decisiones o gestión de conversaciones complejas.
Conceptos como liderazgo, adaptabilidad o comunicación son demasiado amplios si no se concretan. Definir qué comportamientos se espera observar permite trabajar las competencias de manera mucho más práctica.
Las habilidades blandas se desarrollan mejor cuando los profesionales pueden aplicarlas a reuniones, conversaciones, presentaciones, negociaciones, proyectos o situaciones similares a las que encuentran en su trabajo.
El feedback permite contrastar cómo percibe una persona su propio comportamiento con el impacto que produce en otras personas y detectar aspectos específicos sobre los que trabajar.
El aprendizaje debe continuar después de una formación o sesión de coaching. Establecer objetivos de aplicación, oportunidades de práctica y seguimiento ayuda a trasladar las competencias al trabajo cotidiano.
Cuando los profesionales trabajan entre países, culturas e idiomas, algunas habilidades blandas adquieren una dimensión adicional. Comunicar con claridad, generar confianza, adaptarse, colaborar o negociar puede requerir comportamientos diferentes según las personas y los contextos implicados.
Una persona puede dominar técnicamente su función y comunicarse correctamente en otro idioma y, aun así, encontrar dificultades para influir, liderar una reunión, interpretar determinadas respuestas o adaptar su forma de trabajar a profesionales con referencias culturales diferentes.
Por ello, en equipos internacionales el desarrollo de soft skills puede combinar competencias profesionales, comunicación e inteligencia cultural. El objetivo no es aprender comportamientos universales, sino ampliar la capacidad de actuar eficazmente en diferentes situaciones profesionales.
Las habilidades blandas no son un complemento independiente de los conocimientos técnicos. Forman parte de la capacidad de un profesional para utilizar esos conocimientos eficazmente cuando necesita comunicarse, colaborar, decidir, adaptarse o influir en otras personas.
Por ello, su desarrollo debe partir de las situaciones profesionales que cada persona necesita resolver y traducirse en comportamientos que puedan practicarse y aplicarse en el trabajo.
En organizaciones internacionales, esta relación resulta todavía más importante: el rendimiento depende no solo de lo que los profesionales saben, sino también de su capacidad para utilizar sus competencias en contextos culturales, lingüísticos y profesionales diferentes.
En Kleinson trabajamos el desarrollo de estas capacidades desde situaciones reales de trabajo, integrando competencias profesionales, comunicación e inteligencia cultural cuando el contexto lo requiere. Este enfoque forma parte de International Performance Training® (IPT®), nuestro modelo para preparar a profesionales y equipos para rendir con eficacia en entornos internacionales.