Los emails y el choque cultural: que no te tiemble el teclado

Businessman frustrated with technology

Hoy en día la comunicación escrita es considerada una de las técnicas fundamentales que todo profesional debe dominar con fluidez. Nuestro trabajo está cada vez más ligado a nuestros ordenadores portátiles, ipads y smartphones. Y, la mayoría de nuestra comunicación con compañeros, clientes, proveedores y socios tiene lugar a través de estos dispositivos.

En este contexto, cualquier profesional debe tener la capacidad de escribir en una amplia variedad de registros: para participar, para inspirar, para dar soluciones, para organizar, etc. Y todo ello de la manera más directa, delicada y sencilla, posible, de tal forma que no haya lugar a errores, malentendidos ni tergiversaciones.

Sin embargo, no siempre es tan fácil, sobre todo cuando estos mails debemos leerlos y escribirlos en otro idioma que no es el nuestro. La mayoría de las veces, aunque contemos con un nivel alto de esa segunda lengua, nos cuesta tener la misma fluidez que con nuestra lengua materna y terminamos empleando bastante más tiempo en escribir esta clase de mails que cualquier otro correo rutinario.

¿Y qué es lo que tanto nos preocupa a la hora de redactar mails en otro idioma? Pues en realidad no es ni la gramática, ni la ortografía, ni siquiera el vocabulario. Después de todo, en internet contamos con cientos de herramientas que nos ayudan a corregir nuestros escritos con más o menos precisión.

Lo que realmente nos inquieta a la hora de mandar un mail en otro idioma es lo que podemos estar expresando sin quererlo… esas meteduras de pata que, más que con el lenguaje o la traducción, tienen que ver con los diferentes usos y costumbres  de cada  país o región. Es decir, tenemos miedo al choque cultural.

Y es que, igual que en la comunicación verbal y gestual, en la comunicación escrita existen ciertas normas culturales que, si no conocemos, corremos el peligro de transgredir. Un saludo inicial, un “asunto del mensaje” poco claro o una expresión demasiado formal, pueden causar un auténtico problema, obstaculizar el intercambio de información o incluso echar al traste un proyecto o negocio.

Es importante conocer estas diferencias culturales, investigar y formarse, más allá del idioma. En la mayoría de los casos el desconocimiento de cierto tipo de prácticas o protocolos sencillos, es el causante de los malentendidos cibernéticos.

Como siempre, la formación es clave. Basta con acudir a un especialista que nos pueda enseñar, aconsejar y hacernos practicar para que consigamos dejar de temblar frente al teclado cada vez que nos toca escribir un mail a un cliente, a un socio o a un empleado extranjero.

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