La habilidad para dirigir a una empresa o equipo, también conocida como estilo de liderazgo, es cada vez más reconocida y necesaria en diferentes campos de la vida, pero específicamente destaca en el laboral. No obstante, es necesario saber en qué área nos estamos desarrollando pues hay diferentes tipos de liderazgos en los que aplicarlos. Identifica cuáles son y aprovéchate del que más te guste.
No existe, sin embargo, un único estilo de liderazgo que sea adecuado para todas las situaciones. La forma de liderar puede variar en función de los objetivos, la experiencia y autonomía del equipo, el contexto de trabajo o el tipo de decisiones que deban tomarse. Por ello, conocer los diferentes estilos permite entender sus características y valorar cuándo puede resultar más apropiado cada uno.
Para poder enumerar cuáles son los diferentes tipos de liderazgo, es necesario que sepamos a qué nos referimos con esta palabra. Aunque puede que conozcamos el concepto de jefe, no todos los jefes son líderes.
Un líder es una persona capaz de orientar, influir y facilitar el trabajo de otras personas para avanzar hacia unos objetivos compartidos. El liderazgo puede estar asociado a una posición formal de responsabilidad, pero también puede surgir dentro de un equipo sin depender exclusivamente de la jerarquía. Con frecuencia, los líderes no se dedican a mandar, sino a dirigir con el ejemplo.
Aunque esta cualidad es sobresaliente, es muy necesario saber cómo aplicarla, pues hay diferentes formas en las que puede brillar. A continuación veremos cómo.
Un estilo de liderazgo es, por tanto, la forma habitual en que una persona líder toma decisiones, comunica, delega, motiva y se relaciona con su equipo. Los distintos estilos no deben entenderse necesariamente como categorías rígidas: una misma persona puede adaptar su manera de liderar en función del contexto.
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Se trata de un tipo de liderazgo que nace de manera natural, o que se muestra sin previa preparación o adoctrinamiento.
Como se menciona en su nombre, se trata de un tipo de liderazgo espontáneo. Estos líderes son más conocidos por sus compañeros debido a esta espontaneidad, además de denotar habilidades de comunicación, carisma y personalidad que hacen que todo el trabajo sea más sencillo y práctico, resultando en éxito.
Este tipo de liderazgo puede resultar especialmente valioso cuando una persona consigue generar confianza e influencia dentro del equipo sin depender únicamente de su posición jerárquica. Sin embargo, contar con carisma o capacidad natural para influir no sustituye el desarrollo de competencias como la comunicación, la toma de decisiones o la gestión de personas.
Este liderazgo nace como expresión francesa, que significa “déjalo ser”. Con estos líderes, se denota la no intervención con compañeros que tienen una forma preestablecida de realizar un trabajo, lo que hace que se involucren más con otros miembros del equipo de manera estricta o que son requeridos en un momento dado.
Con este tipo de líderes, los empleados tienen mucha más libertad y logran realizar sus tareas según sus propias decisiones, aunque con ciertos límites de por medio. Con estos líderes, es bueno valerse de miembros experimentados en cada área, pues se permite trabajar sin supervisión.
Puede funcionar especialmente bien con profesionales experimentados, autónomos y capaces de organizar su propio trabajo. En cambio, puede generar falta de dirección cuando el equipo necesita mayor acompañamiento, claridad en las prioridades o coordinación.
Con este tipo de liderazgo, se destaca la participación, pues su estilo de dirigir se centra en la colaboración motivada, por lo que todo el grupo de trabajo toma una decisión.
Con ello, es muy común notar que hay participación de los empleados, lo que hace que se sientan valorados y escuchados. Además de ello, se consolida un sentido de pertenencia, en donde se asientan bases sólidas para cada una de las habilidades y conocimientos de los empleados, sobre todo cuando se trata de cuestiones específicas.
Este estilo puede favorecer el compromiso y enriquecer la toma de decisiones cuando resulta importante incorporar diferentes perspectivas. Su principal reto aparece cuando se necesita actuar con rapidez, ya que consultar y consensuar determinadas decisiones puede requerir más tiempo.
A diferencia del liderazgo democrático, este tipo de liderazgo se basa en la toma de decisiones sin basarse en las opiniones de los demás empleados o compañeros de equipo.
Este es el estilo más tradicional de liderazgo, por lo que crea una especie de imagen de autoridad. Efectivamente, este líder logra enviar directrices claras y directas a su equipo, las cuales los subordinados acatan. Aunque se trate de un liderazgo muy unidireccional, puede resultar efectivo en determinadas situaciones que requieren decisiones rápidas, instrucciones claras o un alto grado de control. Sin embargo, utilizado de manera constante puede reducir la autonomía y participación del equipo. Todo ello, siempre sujeto a la supervisión constante de miembros que necesitan más vigilancia para evitar errores.
El nombre de este tipo de liderazgo proviene del intercambio entre los empleados y los líderes. Con el mismo, se dictan unas reglas para el trabajo, y, tras esto, se recompensa con un premio a aquellos que logren un buen desarrollo laboral. Claro está, con su contraparte, ya que también se puede castigar a los que no hayan cumplido con las expectativas.
Este tipo de liderazgo buscará lograr un buen enfoque de los objetivos, así como un mecanismo sencillo de premio o castigo. El problema de este tipo de liderazgo, es que podría llegar a generar en los empleados un compromiso que no sea sincero, sino que lo hagan con el fin de evitar una penalización.
Puede resultar útil cuando existen objetivos, responsabilidades e indicadores claramente definidos. Su limitación aparece cuando el trabajo requiere innovación, iniciativa o un compromiso que vaya más allá del cumplimiento de objetivos establecidos.
Al emplearse el tipo de liderazgo burocrático, las reglas no podrán romperse. El objetivo del mismo será apegarse siempre todo lo que se pueda a ellas.
Los procedimientos de la empresa y sus políticas son lo ideal para este líder, lo que lo llevará a regir el trabajo de todos en base a estas de manera rigurosa, sin la libertad de tomar ideas creativas, ni desvíos en los procesos previamente establecidos en la compañía.
Este enfoque puede resultar adecuado en entornos donde el cumplimiento de procedimientos, la seguridad o la regulación son especialmente importantes. En contextos que requieren innovación o capacidad de adaptación, una aplicación excesivamente rígida puede dificultar la respuesta ante situaciones nuevas.
Tal como podemos notar de su nombre, el liderazgo carismático se basa principalmente en la personalidad del líder. El mismo se desarrolla mediante sus habilidades interpersonales, así como en su comunicación con el equipo, que resulta en motivación para el mismo.
Con esos líderes veremos la empatía, la habilidad de escuchar y el don de congeniar con las personas. Tanto es así, que con estos líderes, se logra seducir tanto a los empleados como a los clientes, generando un elevado nivel de confianza y compromiso.
Su principal riesgo es que la influencia dependa excesivamente de la figura del líder. Por ello, conviene que el carisma vaya acompañado de procesos, autonomía y desarrollo de las capacidades del equipo.
Entre los diferentes tipos de liderazgo, el liderazgo transformacional destaca por su capacidad para impulsar el cambio, inspirar al equipo y favorecer su desarrollo. Este, más que ser una imagen de autoridad, logra convertirse en un apoyo para sus empleados. Con sus habilidades trata de inspirar a sus compañeros, así como generar buenas estrategias creativas y cómodas de trabajo.
Los empleados cumplen con sus trabajos gracias a este líder, no porque consigan un premio, sino porque quieren superar sus propias metas, valores y objetivos.
Resulta especialmente relevante en procesos de cambio, transformación o crecimiento, donde el equipo necesita comprender una visión y comprometerse con nuevos objetivos. Para ser efectivo, la capacidad de inspirar debe acompañarse de objetivos claros y una ejecución coherente.
Entre los tipos de liderazgo eficiente está el que va orientado a las personas. ¿Cómo es esto? Se trata de ese tipo de líder que pone en primer lugar a las personas, con el fin de lograr llenar sus necesidades de una manera apropiada. Para con sus empleados, este líder busca identificar las principales habilidades y fortalezas de los mismos, lo que hace que las aptitudes de la empresa aumenten.
Este enfoque puede fortalecer la confianza, el desarrollo profesional y la cohesión del equipo. El reto consiste en mantener ese foco en las personas sin perder claridad sobre los objetivos, responsabilidades y resultados que necesita la organización.
A diferencia del anterior, con este tipo de líderes se busca centrar las tareas como un punto principal entre los empleados y el líder. Con el mismo se delegan las tareas, y se organizan las funciones con el fin de asignar roles y cumplirlos lo más pronto y efectivo posible.
Puede ser especialmente útil cuando existen plazos exigentes, procesos claramente definidos o una elevada necesidad de coordinación. Sin embargo, un enfoque excesivamente centrado en las tareas puede dejar en segundo plano la motivación, el desarrollo y las necesidades del equipo.
| Estilo de liderazgo | Característica principal | Puede ser útil cuando… | Principal riesgo |
|---|---|---|---|
| Natural | Influencia espontánea | Existe confianza dentro del equipo | Depender demasiado del carisma |
| Laissez-faire | Alta autonomía | El equipo tiene experiencia y autonomía | Falta de dirección |
| Democrático | Participación | Conviene incorporar diferentes perspectivas | Decisiones más lentas |
| Autocrático | Dirección centralizada | Se necesitan decisiones rápidas y claras | Reducir participación y autonomía |
| Transaccional | Objetivos y recompensas | Existen metas e indicadores definidos | Limitar la iniciativa |
| Burocrático | Cumplimiento de procedimientos | La regulación o seguridad son prioritarias | Rigidez |
| Carismático | Influencia personal | Es necesario movilizar al equipo | Dependencia del líder |
| Transformacional | Inspiración y cambio | La organización atraviesa una transformación | Visión sin suficiente ejecución |
| Orientado a las personas | Desarrollo del equipo | Se necesita fortalecer la confianza y cohesión | Perder foco en los resultados |
| Orientado a las tareas | Ejecución | Hay plazos y responsabilidades muy definidos | Descuidar las necesidades del equipo |
No existe un estilo de liderazgo universalmente mejor. Su eficacia depende del contexto, las características del equipo, los objetivos, el nivel de autonomía de las personas y el tipo de situación que deba gestionarse.
Por ejemplo, un enfoque democrático puede resultar adecuado cuando interesa incorporar diferentes perspectivas, mientras que una situación crítica puede requerir temporalmente una dirección más clara y centralizada. Un equipo experimentado puede responder bien a mayores niveles de autonomía, mientras que otro que está comenzando puede necesitar más orientación.
Por ello, una de las competencias más importantes de un buen líder es la capacidad de reconocer las necesidades de cada situación y adaptar su comportamiento sin perder coherencia en la forma de dirigir al equipo.
Para determinar qué estilo puede resultar más apropiado, conviene analizar varios factores:
Los equipos experimentados pueden necesitar menos supervisión y mayor capacidad para tomar decisiones, mientras que otros pueden requerir inicialmente más acompañamiento y estructura.
Las actividades altamente reguladas o con procedimientos estrictos pueden requerir un liderazgo diferente al de proyectos donde la innovación y la experimentación resultan fundamentales.
Una crisis, un proceso de transformación, una etapa de crecimiento o una situación estable plantean necesidades de liderazgo distintas.
La forma en que las personas interpretan la autoridad, la participación, el feedback o la autonomía puede influir en la eficacia de determinados comportamientos de liderazgo.
El estilo también debe responder a aquello que el equipo necesita conseguir: ejecutar con rapidez, innovar, desarrollar nuevas capacidades, aumentar la autonomía o mejorar la coordinación.
Liderar equipos internacionales añade una variable adicional: las personas pueden tener diferentes referencias culturales sobre la jerarquía, la autonomía, la participación, la toma de decisiones o la forma de proporcionar feedback. Un comportamiento de liderazgo interpretado como cercano y participativo en un contexto puede percibirse de manera diferente en otro.
Por ello, liderar en entornos internacionales no significa elegir un estilo específico, sino desarrollar la capacidad de adaptar la comunicación y determinados comportamientos a diferentes contextos sin perder claridad en los objetivos ni coherencia en la dirección del equipo.
Esta capacidad de adaptación resulta especialmente importante cuando profesionales de diferentes países necesitan coordinarse, tomar decisiones y trabajar con unas expectativas compartidas.
El estilo de liderazgo no depende únicamente de cómo se toman decisiones o se distribuye la autoridad. La capacidad para comprender las propias reacciones, interpretar las necesidades del equipo, escuchar y adaptar la comunicación también influye en la forma de liderar.
Por ello, la inteligencia emocional en el entorno laboral puede ayudar a una persona líder a reconocer cómo está respondiendo su equipo y ajustar su comportamiento ante diferentes situaciones.
En definitiva, existen muchos tipos de liderazgo, pero su eficacia depende de las características del equipo, los objetivos y el contexto en el que se aplican. Saber cuál es el que más te conviene puede ser una tarea minuciosa, pero, a largo plazo, tendrá unos beneficios incalculables tanto para ti como para tu equipo.
Más que identificar un único estilo y aplicarlo de manera permanente, desarrollar el liderazgo implica ampliar el repertorio de comportamientos disponibles y aprender a utilizarlos en función del equipo, los objetivos y el contexto. Esta capacidad de adaptación adquiere todavía más importancia cuando se lideran equipos diversos o internacionales.
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