Hacer negocios en el extranjero y apostar por la internacionalización puede aportar enormes beneficios a las empresas. De hecho, es una de las principales estrategias que las compañías españolas vienen emprendiendo para lograr sobrevivir y continuar creciendo en los momentos más difíciles por los que ha atravesado nuestro país.
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Son muchos los retos a los que el tejido empresarial español debe enfrentarse, no solo con respecto a su organización, los procesos o incluso su estructura empresarial, sino también a una circunstancia bastante menos palpable: más allá de nuestras fronteras, las costumbres, los hábitos y los protocolos de actuación son completamente distintos.
Se trata de la cultura, ese conjunto de usos y costumbres propios de un país o una región que, aunque no lo parezca, puede ser determinante a la hora de entablar una relación.
En la práctica, estas diferencias se hacen visibles en situaciones concretas como reuniones, negociaciones o interacciones profesionales del día a día.
Si a esto le añadimos la necesidad de establecer una conexión empresarial, en la que la confianza, el entendimiento y la comunicación son tan importantes, la dificultad se hace aún mayor.
Este tipo de situaciones forman parte del contexto en el que operan las empresas cuando trabajan fuera de su mercado local.
Para hacer negocios en el extranjero, no basta con conocer el mercado o el idioma. Es necesario entender cómo se comunican, negocian y toman decisiones las personas en cada contexto.
Los sociólogos hablan de la llamada “inteligencia cultural”, una capacidad que los individuos deben cultivar para lograr que estas interacciones con personas pertenecientes a diferentes lugares del planeta se lleven a cabo con éxito.
Más allá del concepto, se trata de saber interpretar situaciones y adaptarse a ellas en entornos profesionales reales.
Estos estudiosos hablan de la necesidad de habilidades como la flexibilidad, la apertura mental y la empatía, pero sobre todo ponen el énfasis en una cuestión fundamental: el conocimiento previo.
Estudiar y conocer una cultura distinta a la nuestra, con la que vamos a interactuar, es fundamental para poder entablar una relación con ella. Se trata de saber cuáles son las costumbres a la hora de comunicarse, los hábitos de vida de los individuos y las normas escritas y no escritas de cada sociedad. Por ejemplo, el protocolo en una reunión de negocios es distinto entre China y Brasil.
Conocer estos factores y familiarizarse con ellos antes de emprender cualquier tipo de negocio o empresa es básico para lograr nuestros objetivos. Debemos tener en cuenta que, más allá de nuestras fronteras, un gesto inocente y hasta amable se puede traducir en ofensivo.
Por eso, hacer negocios en el extranjero no consiste solo en aplicar una estrategia, sino en saber adaptarla a cada contexto.
Prepararse para trabajar en otros países implica ir más allá del conocimiento teórico. Se trata de aprender a desenvolverse en situaciones reales de trabajo, adaptando la forma de comunicarse y de relacionarse según el contexto.
En este sentido, contar con apoyo especializado puede facilitar este proceso y ayudar a trasladar ese conocimiento a la práctica profesional.
La cultura influye en cada interacción profesional: desde una reunión hasta una negociación o una conversación informal.
Pequeñas diferencias en la forma de comunicarse o de interpretar una situación pueden cambiar el resultado de una relación profesional.
Cuando estos matices se comprenden, es más fácil generar confianza, facilitar el entendimiento y avanzar en los objetivos de negocio.