La cultura es una serie de ideas, comportamientos sociales y costumbres que permiten que una sociedad o persona en concreto se identifique.
Estas generalmente están bien fundamentadas por el paso del tiempo, por lo que dichos comportamientos son bien conocidos como parte de algún lugar.
En entornos internacionales, comprender estos factores culturales es clave para evitar malentendidos y trabajar con mayor eficacia en la comunicación profesional.
Es sumamente importante tener en cuenta este ámbito cuando se realizan trabajos internacionales.
Claramente, los negocios internacionales están fuertemente marcados por los rasgos culturales, ya sean de manera mínima o gigantesca, siendo un factor determinante en una transacción o en el éxito de una venta.
En muchos casos, estas diferencias culturales no solo afectan a la negociación, sino también a la forma en que los equipos colaboran, toman decisiones y se comunican en su día a día.
Para poder saber por qué este aspecto es importante, debemos reconocer principalmente cómo influye la cultura y si es tan importante como se ha estado denotando. Para poder dar respuesta a esta pregunta, es necesario verlo en el terreno mediante un ejemplo.
Podemos citar el caso de Japón. La cultura tiene una gran relevancia en el terreno profesional para una sociedad como la japonesa. El país del sol naciente funciona sobre una serie de fuertes ceremonias y convenciones sociales que deben respetarse para no ofender a nadie.
Una de ellas, por ejemplo, es la forma de saludar a la hora de realizar negocios. A diferencia de los occidentales, que utilizamos el apretón de manos, en Japón, una cultura poco dada al contacto físico, el saludo tradicional consiste en inclinar levemente la cabeza con sumo respeto y humildad. De no seguir estas directrices podríamos estar mostrando una falta de respeto hacia nuestra contraparte.
Aunque por un lado están el contexto, la empresa y su propuesta, lo que realmente condiciona cómo se interpretan las situaciones es la cultura.
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Comprender estos factores permite interpretar mejor los distintos contextos, más allá de los aspectos puramente técnicos o comerciales. ¿Por qué? Porque, aunque se logre conseguir un producto de excelencia, no se logrará el buen recibimiento si se ignoran las preferencias o gustos de la gente o las personas a las que va dirigida.
Esto no solo impacta en la aceptación del producto, sino también en la percepción de la marca y en su posicionamiento en mercados internacionales.
Podemos darnos cuenta de ello, al ver cómo empresas de renombre en el mercado adaptan sus servicios en función del país en el que se esté desarrollando. Si una empresa no lo realiza, se traduce esto como un error de ventas.
En el mercado actual existe el concepto global, que permite hacer que un producto en cuestión se adecúe a la zona en la que se está desarrollando sin perder su identidad principal. El problema se encuentra realmente cuando las empresas piensan que, como su producto es muy bueno, no necesita pensar en todos los gustos.
Al pensar de esta manera, dicha empresa se cierra a la posibilidad de conseguir muchos más clientes, pensando en las necesidades de un grupo de personas o de hasta un país entero.
Por ello, se deben tener los estudios de mercado siempre presentes. Una empresa que mantiene como factor importante las necesidades de su público es aquella que logra hacer triunfar su producto.
Estas diferencias no siempre son evidentes, pero influyen en cómo se perciben las interacciones profesionales en distintos contextos culturales.
Aunque las empresas sientan esto como un conflicto de identidad, realmente esto constituye la buena estrategia laboral, que fomenta la fidelización de los clientes.
Ser capaces de adaptarse a la cultura de nuestro cliente puede ser el elemento clave para el éxito de un proyecto. Estas diferencias forman parte del contexto en el que operan las empresas a nivel internacional y deben ser comprendidas antes de definir cualquier estrategia.
Las consecuencias de un mal entendimiento entre empresas de distintas culturas pueden ser muy diversas, pero, generalmente, negativas para las organizaciones. Entre ellas, se podemos encontrar:
Además, se arriesgan a la mala imagen y al desconocimiento cuando reciben un rechazo por parte de un grupo de personas.
En muchos casos, estos problemas no se deben a la calidad del producto, sino a fallos en la comunicación y en la adaptación cultural.
Trabajar en contextos internacionales implica adaptarse no solo al idioma, sino también a la forma en que las personas piensan, se relacionan y toman decisiones.
La capacidad de comprender estas diferencias culturales mejora la comunicación, reduce conflictos y permite una mayor eficacia del trabajo de los equipos corporativos en el día a día.
Todo ello influye directamente en el rendimiento internacional de equipos que trabajan en contextos globales.
En Kleinson trabajamos con equipos que operan en entornos internacionales ayudándoles a desenvolverse con mayor seguridad, adaptarse a distintos contextos culturales y mejorar su forma de interactuar en situaciones reales de negocio.